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Renovación en la DAU: Jaldo desplazó a “Freddy” Quinteros tras una década de gestión


La Dirección de Arquitectura y Urbanismo (DAU) cierra un ciclo de diez años con la salida de Alfredo “Freddy” Quinteros. En un movimiento que sacude los cimientos del Ministerio de Obras Públicas, el gobernador Osvaldo Jaldo decidió firmar el decreto que pone fin a una de las permanencias más largas en el gabinete provincial. Quinteros, un hombre que supo surfear las olas políticas desde los tiempos de Juan Manzur en 2015, deja ahora su despacho tras una reunión clave entre el mandatario y el ministro del área, Marcelo Nazur.

El relevo no buscó nombres externos, sino que apostó por la estructura interna para evitar ruidos mayores en la transición. La ingeniera Beatriz Elisa Monasterio Soria, quien hasta ayer se desempeñaba como subdirectora, fue la elegida para tomar las riendas del organismo. Su ascenso se interpreta como un respaldo a la carrera administrativa, ya que Monasterio Soria conoce los pasillos de la DAU desde su fundación, una trayectoria que el Ejecutivo decidió ponderar para garantizar la continuidad técnica en una oficina que no admite demoras.

Desde los despachos de la Casa de Gobierno, el argumento oficial para justificar el desplazamiento se resume en una palabra: oxigenación. Tras una década bajo la misma conducción, el oficialismo consideró que era momento de renovar los liderazgos para dinamizar la gestión de los proyectos vigentes. No se mencionaron irregularidades ni conflictos éticos, sino un desgaste natural producto del tiempo y la necesidad de imprimir un nuevo ritmo a la repartición bajo el sello de la actual administración jaldista.

Sin embargo, el clima en los pasillos tras la salida de Quinteros no es de total indiferencia. Aunque las fuentes oficiales aseguran que el alejamiento se dio en términos cordiales y sin portazos, el exfuncionario habría dejado trascender su malestar por las formas. Lo que más ruido le generó al ahora exdirector no fue el cese en sí —algo siempre previsible en la función pública— sino la ausencia de una explicación formal y detallada sobre las razones de su salida después de tantos años de servicio ininterrumpido.

La nueva conducción, que tendrá al arquitecto Alberto Antonio Barrera como subdirector, hereda una carpeta de obras de altísimo voltaje político y social. La DAU no es una oficina más; es el engranaje que mueve proyectos críticos como la nueva cárcel de Benjamín Paz y la alcaidía de Las Talitas. El éxito o el fracaso de estas infraestructuras, diseñadas para aliviar la crisis carcelaria de la provincia, recaerá ahora sobre los hombros de Monasterio Soria, quien deberá demostrar que la experiencia interna es suficiente para gestionar presupuestos millonarios.

Además de los complejos penitenciarios, la gestión entrante deberá supervisar la finalización del nuevo edificio del Registro Civil y la histórica puesta en valor de la Iglesia de Chicligasta. Con este recambio, Jaldo no solo busca un cambio de caras, sino asegurar que los plazos de las obras públicas más emblemáticas de su gestión se cumplan sin los vicios de una conducción desgastada por los años. La DAU inicia así una etapa técnica con el desafío de probar que el “aire fresco” prometido se traduce en ladrillos y hormigón.

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