
El lunes arrancó con un baldazo de agua fría para los conductores tucumanos. Sin previo aviso y con el rastro de las pizarras todavía frescas, YPF concretó un salto de hasta el 16% en sus precios. El dato que sacude el tablero local es simbólico pero doloroso: el litro de nafta súper ya dejó atrás los tres dígitos para instalarse por encima de los $2.000.
Lo que sucede a miles de kilómetros, en el convulsionado Estrecho de Ormuz, terminó impactando de lleno en las estaciones de servicio de la provincia. La escalada bélica en Medio Oriente disparó el valor del crudo internacional y la petrolera estatal no tardó en trasladar ese nerviosismo al surtidor doméstico.
No es solo una actualización de costos; es un ajuste de rentabilidad que las petroleras locales ejecutan a velocidad de rayo ante cada estornudo del mercado global. En Tucumán, el incremento se siente doble: por el peso del flete y por una economía regional que ya venía golpeada.
Un techo que no aparece
Si alguien esperaba que este fuera el último golpe del mes, las noticias no son buenas. El mercado anticipa un escenario de “alerta permanente”:
Ajuste en cadena: Se espera que Shell, Axion y Puma sigan los pasos de YPF en las próximas horas, unificando el nuevo piso tarifario en toda la provincia.
Analistas del sector ya hablan de un recargo adicional del 5% antes de que termine abril si las tensiones geopolíticas no ceden. Llenar el tanque en Tucumán hoy no es solo un gasto, es un ejercicio de resistencia. Con la súper arriba de los dos mil pesos, el costo de vida en el Jardín de la República suma una nueva presión inflacionaria que, tarde o temprano, terminará trasladándose a las góndolas.
