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Los surtidores le ganan la carrera a la inflación: la nafta súper ya subió el doble que el resto de los precios


Mientras el IPC del último año se movió al 33%, el combustible más demandado por los argentinos trepó un 63%. La guerra en Medio Oriente aportó su cuota de inestabilidad, pero el factor interno y la estrategia de las petroleras explican el desfasaje que asfixia a los conductores.

Llenar el tanque en Argentina se convirtió en una gimnasia financiera que desafía cualquier índice oficial. Aunque el ruido de los tambores de guerra en Medio Oriente disparó las alarmas globales y empujó los valores un 15% en las últimas semanas, la verdadera brecha se cocinó mucho antes, fronteras adentro y con el surtidor como protagonista.

Los números no mienten, pero duelen. En apenas doce meses, la nafta súper de YPF en la Ciudad de Buenos Aires pasó de los $1.173 a los $1.920. Ese salto del 63,6% no es solo una cifra: es la confirmación de que el combustible viaja a una velocidad que duplica la inflación general, la cual marcó un 33,1% en el mismo periodo.

El castigo al consumo popular
Lo más llamativo de la actual política de precios es dónde se concentró el ajuste. No fue en los productos “Premium” o de lujo, sino en el corazón del consumo masivo. Mientras la nafta Súper escaló casi un 64%, su versión de mayor octanaje aumentó un 48%.

La estrategia de las petroleras parece clara: ajustar allí donde hay más demanda. Según los registros de la Secretaría de Energía, uno de cada dos metros cúbicos vendidos en la Capital corresponde a la nafta Súper. Es, por lejos, el producto más buscado y, paradójicamente, el que más se encareció.

En otras banderas, el panorama es idéntico. Shell y Axion no se quedaron atrás, con incrementos que rondan el 60%, confirmando que la competencia en las esquinas porteñas hoy se dirime en niveles que el bolsillo promedio ya no puede seguir.

Menos ventas y un mercado que se achica
Este escenario de “precios de guerra” ya empezó a pasar factura en el volumen de ventas. La decisión de las compañías de cargar las tintas sobre la nafta Súper tuvo un efecto inmediato: el consumo cayó un 3% interanual en enero dentro de CABA. En el caso del gasoil común, el retroceso fue todavía más drástico, con un derrumbe del 11%.

La brecha entre el Índice de Precios al Consumidor (IPC) y el valor del litro de nafta es una incógnita que recién empezará a despejarse el 14 de abril, cuando el Indec publique la inflación de marzo. Sin embargo, para el que está frente al surtidor, la respuesta ya llegó: la carrera contra los precios se está perdiendo en la manguera de la estación de servicio.

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