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San Miguel de Tucumán refuerza las obras de desagüe y activa un plan ante posibles lluvias intensas

San Miguel de Tucumán ingresó en la etapa previa a la temporada de tormentas 2026-2027 con obras de desagüe en ejecución, un plan municipal de contingencia y un proyecto en el Concejo Deliberante que propone modificar la planificación del drenaje urbano a largo plazo. 

Las medidas buscan reducir los anegamientos en una ciudad altamente impermeabilizada y llegan después de un período de precipitaciones extraordinarias que volvió a exponer la vulnerabilidad de distintos barrios.
La preocupación aumenta ante las perspectivas de un verano con lluvias potencialmente intensas y el escenario climático asociado a El Niño. En zonas próximas al Canal Sur, como el cruce con avenida Néstor Kirchner, vecinos que ya sufrieron el ingreso del agua a sus viviendas reclaman que las intervenciones preventivas estén terminadas antes de las tormentas más fuertes.

Los antecedentes recientes explican parte de esa inquietud. Registros de la sección Agrometeorología de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (EEAOC) indican que entre diciembre de 2025 y enero de 2026 diferentes áreas agrícolas y de cuenca acumularon entre 400 y 700 milímetros de lluvia.

Después de algunos períodos secos durante enero, las precipitaciones volvieron a intensificarse en febrero y marzo. Este último mes terminó con registros un 73% superiores a los valores normales y se produjeron anegamientos, particularmente en sectores bajos.

El comportamiento atípico continuó entre abril y comienzos de junio, con importantes acumulados en zonas como La Cocha y Simoca. Las condiciones meteorológicas llegaron incluso a provocar interrupciones temporales de la zafra azucarera, antes de que el invierno seco proporcionara un período de alivio.

Con ese antecedente, la intendenta Rossana Chahla se reunió con los equipos de la Secretaría de Obras Públicas, en la sede municipal de 9 de Julio y Lavalle, para evaluar las intervenciones destinadas a mejorar el drenaje de la Capital.

Uno de los principales proyectos se ejecuta en el barrio 360 Viviendas y registra un avance del 45%. La Municipalidad prevé completar los trabajos durante los próximos dos meses. La infraestructura no solamente apunta a disminuir los anegamientos en ese barrio, sino también en Nueva Esperanza, Independencia y Ampliación Alejandro Heredia.

La segunda intervención destacada corresponde al barrio Margaritas. La obra se encuentra en proceso de adjudicación, con tres empresas oferentes y un plazo estimado de ejecución de seis meses.

Ese proyecto busca mejorar el drenaje del sector noroeste de San Miguel de Tucumán y beneficiar particularmente a los barrios Margaritas, Sitravi, Villa 9 de Julio y 11 de Febrero, zonas con antecedentes de problemas durante precipitaciones importantes.

Chahla señaló que la planificación se apoya en información topográfica obtenida mediante tecnología LiDAR. Según explicó, ese relevamiento permite identificar con mayor precisión dónde realizar las intervenciones y establecer prioridades en función de los sectores considerados más vulnerables.

La intendenta confirmó además la preparación de un plan de contingencia para coordinar las acciones de prevención y asistencia ante eventuales emergencias durante una temporada de lluvias que podría presentar episodios intensos.

En el límite de la Capital con Tafí Viejo, las intervenciones se complementan con trabajos provinciales sobre el arroyo Nueva Esperanza. La Dirección Provincial del Agua moviliza alrededor de 3.000 metros cúbicos de suelo para construir una rampa de 80 metros que permita ingresar maquinaria pesada hasta el lecho.

La obra debe superar un desnivel de aproximadamente 30 metros y tiene como finalidad intervenir sobre los procesos erosivos y estabilizar el cauce antes del período de mayores precipitaciones.

Mientras avanzan esos trabajos, el Concejo Deliberante comenzó a discutir una propuesta destinada a modificar la forma en que la ciudad administra el agua de lluvia. Los concejales José María Canelada y Gustavo Cobos presentaron, con asesoramiento técnico de ingenieros civiles, un proyecto para crear el Plan Maestro de Gestión Integral de Drenaje Urbano y Resiliencia Hídrica (PM-GIDU).

La iniciativa pretende establecer una planificación permanente mediante una ordenanza y reducir la dependencia de intervenciones concentradas exclusivamente en los meses previos a cada temporada de tormentas.

El proyecto parte de una limitación concreta: más del 92% de la superficie urbana de San Miguel de Tucumán se encuentra consolidada. Bajo esas condiciones, sus autores consideran inviable transformar completamente la Capital bajo el concepto de una “ciudad esponja”, por lo que plantean intervenciones graduales y localizadas.

Una de las principales modificaciones propuestas es incorporar el denominado criterio de Impacto Hídrico Cero. De aprobarse, los nuevos emprendimientos de gran escala deberían garantizar que el volumen de agua descargado hacia la vía pública no sea superior al que generaba el terreno antes de la construcción.

La exigencia alcanzaría, entre otros desarrollos, a centros comerciales, hipermercados y edificios sometidos al régimen de propiedad horizontal.

Para cumplir ese objetivo, la iniciativa contempla Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible (SUDS), entre ellos reservorios destinados a retrasar la descarga de agua, jardines de lluvia y superficies semipermeables. Esas estructuras permitirían almacenar temporalmente parte de las precipitaciones y disminuir la velocidad con la que el excedente llega a calles y canales.

Otro componente sería la creación de un Registro y Mapa Digital Pluvial de acceso público. Allí se podría consultar la situación de los canales, los puntos críticos donde habitualmente se producen anegamientos y los cronogramas previstos para las tareas preventivas de limpieza.

Cobos y Canelada plantearon que el concepto de “ciudad esponja” debe funcionar como una orientación parcial y localizada y no como una transformación integral de una estructura urbana ya consolidada. El propósito, según los fundamentos de la iniciativa, es impedir que las nuevas construcciones continúen incrementando la escorrentía superficial.

De esta manera, la Capital afronta los meses previos al verano con dos desafíos simultáneos: completar desagües, mantener imbornales y cauces despejados y responder rápidamente durante las tormentas, mientras se debate una planificación de mayor alcance para regular el crecimiento urbano y evitar que la impermeabilización progresiva del suelo siga aumentando el volumen de agua que debe absorber el sistema pluvial.

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