
El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) de enero reflejaría un leve repunte impulsado por el sector energético y el agro. Sin embargo, la industria manufacturera y el consumo interno operan con una dinámica opuesta, marcando una brecha que tensa la relación entre el Ejecutivo y las cúpulas empresariales.
El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) presentará hoy el informe del EMAE correspondiente al primer mes del año, un indicador que el mercado y el Gobierno aguardan como termómetro de la gestión macroeconómica. En un contexto de abierta confrontación dialéctica entre el presidente Javier Milei y referentes del sector industrial, los datos privados anticipan una expansión mensual de apenas el 0,4%, consolidando una recuperación que dista de ser homogénea.
La arquitectura de este crecimiento descansa sobre tres pilares extractivos y de oferta externa: la energía, la minería y la agroindustria. No obstante, este dinamismo choca con la persistente debilidad de la demanda doméstica, que continúa actuando como el principal lastre para una estabilización definitiva del aparato productivo.
Los motores de la oferta vs. el estancamiento del mercado interno
Según los indicadores de alta frecuencia procesados por consultoras como Analytica y Qualy, enero mostró señales de vigor en ramas específicas. La producción automotriz escaló un 21,9%, mientras que las exportaciones de bienes crecieron un 11,4%. Estos números, sumados al incremento en la producción de acero crudo (+22,5%) y la demanda eléctrica de grandes usuarios, sugieren que los sectores vinculados al mercado global han encontrado un piso de actividad.
La contraparte se localiza en el consumo minorista y la construcción. Las ventas de vehículos en concesionarios locales retrocedieron un 5,5%, y los despachos de cemento al mercado interno cayeron un 11,6% mensual. Esta asimetría evidencia que, si bien la fase de ajuste fiscal ha comenzado a ordenar variables financieras, el impacto en el poder adquisitivo y el comercio de proximidad —que acumula una baja interanual del 5,7%— sigue siendo el mayor desafío de la gestión de Luis Caputo.
El rol del Estado y la visión del Ministerio de Economía
Desde el Palacio de Hacienda, la estrategia se mantiene inalterada: la función pública se limita a la creación de condiciones macroeconómicas y seguridad jurídica. Bajo esta premisa, el Gobierno sostiene que no habrá incentivos específicos para sectores rezagados, sino que será la propia inversión privada la que defina el nuevo modelo de negocios tras el ordenamiento de los precios relativos.
Esta postura de “prescindencia estatal” ha profundizado el malestar en la Unión Industrial Argentina (UIA), desde donde se reclama un esquema de asistencia crediticia para evitar una degradación mayor del empleo formal en las pymes manufactureras.
Proyecciones para el primer trimestre
El informe de hoy permitirá determinar si el crecimiento del 4,4% registrado en 2025 tiene bases sólidas para extenderse al resto de la economía en 2026. Por ahora, el escenario es de “ajuste técnico”: una estabilización de las variables que permite vislumbrar un piso para la producción, pero que aún no logra traccionar a los rubros sensibles al consumo masivo. La sostenibilidad de este modelo dependerá, en gran medida, de la capacidad de los sectores estratégicos (Vaca Muerta y el Agro) para estimular a la manufactura tradicional en un entorno de creciente apertura comercial.
