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Equipo que gana no se toca: la apuesta de Jaldo para 2027

*Por Juan Pablo Durán

En sólo tres meses y medio, el mapa político de Tucumán dio un giro de 180 grados. En 2025, el gobernador Osvaldo Jaldo despidió el año con saldo positivo. Tuvo motivos para festejar: su imagen se ubicaba en torno al 67% de aceptación, las cuentas públicas alcanzaban el equilibrio fiscal y el pago de los salarios en tiempo y forma lograban la tan ansiada paz social. Ese lienzo que le pintaba Hugo Haime, su encuestador preferido, colocaba a Jaldo entre los mandatarios con mayor expertise a la hora de ejercer el poder. Pero las tormentas de verano no sólo arrasaron con cientos de viviendas en el interior y se llevaron la vida de tres tucumanos; el arrastre de agua y barro que traían los ríos arrasó también con gran parte de esa buena imagen que el mandatario tranqueño supo construir durante los tres primeros años de gestión. Todo esto indica que nada permanece incólume en Tucumán. Y menos la política, que cada vez se hace más volátil. Lo que ayer fue alegría, hoy se puede convertir, en un abrir y cerrar de ojos, en frustración y preocupación.

La última encuesta realizada por el consultor estrella del Gobierno arrojó un porcentaje que empezó a preocupar al mandatario y a sus colaboradores. En pocos meses, Jaldo fue víctima de una sangría de 10 puntos en su percepción positiva ante los tucumanos: bajó al 58% de ese 67% que supo ostentar y presumir. Y no sólo eso, en una pregunta sobre simulación electoral de ese mismo sondeo, sólo un 40% de tucumanos estaría dispuesto a votarlo en 2027. Este dato preocupó mucho, y más aún si se tiene en cuenta que en octubre del año pasado el frente Tucumán Primero logro obtener el 50% de los votos, es decir, 10 puntos más de lo que podría cosechar el próximo año, y en unas elecciones donde la maquinaria electoral de intendentes, delegados comunales, legisladores y concejales funcionará a todo vapor.

Es sabido que Jaldo acostumbra a no mostrar sus cartas. Pero en esta oportunidad no tuvo otra opción que hacerlo. Hace una semana, La Libertad Avanza (LLA) difundió un sondeo de la encuestadora Isasi Burdman —la que erróneamente había pronosticado una victoria de 10 puntos de Milei sobre Kicillof en provincia de Buenos Aires— donde mostraba que el 63,9 % de los tucumanos no votarían al peronismo el próximo año, y que un 41,5% sí lo haría por un candidato de Milei. Además, en un mano a mano entre Jaldo y Lisandro Catalán, el gobernador perdería por 2 puntos.

Si bien en la Casa de Gobierno aseguran que los números responden a una típica operación mediática, la encuesta libertaria obligó a Jaldo a blanquear su estrategia: no solo difundió los números de Haime, sino que además decidió mostrar una señal de unidad y abroquelamiento en el peronismo.

Desde hace dos semanas, Jaldo se muestra unido con la intendenta Rossana Chahla y el vicegobernador Miguel Acevedo. Ambos participan en cada acto público que encabeza el gobernador. Algunos colaboradores muy cercanos al mandatario, pero sin despacho en la Casa de Gobierno, aseguran que Jaldo ha decidido mantener una estrategia conservadora a lo «Coco» Basile: equipo que gana no se toca. Sin embargo, los mismos colaboradores sostienen también que esta decisión podría ser transitoria. Opinan que la política tucumana es demasiado dinámica y en pocas semanas todo puede cambiar.

Esta decisión descolocó a varios jaldistas que ya veían afuera del armado a la intendenta Chahla. El primero en quedar en off side fue el ex intendente Germán Alfaro, quien en el programa Sin Letra Chica había dicho que el peronismo ganaría la Capital sólo si la «intendenta Tiktoker» no era candidata. También descolocó a varios caciques de la capital. Uno de ellos es Armando «Cacho» Cortalezzi, quien no tiene empacho de manifestar públicamente que no trabajaría por Chahla aunque el propio Perón se levantara de su tumba y se lo pidiera personalmente. Entre Cortalezzi y Chahla hay un puente dinamitado de origen. El caudillo del barrio Independencia aún no digiere que la ex ministra de Salud de Juan Manzur mantenga aceitados vínculos políticos con su otrora enemigo público en la Caja Popular de Ahorros: Carlos Cisneros. De todas maneras, todos saben que la última decisión siempre la tiene Jaldo, quien alecciona con la palabra o con el silbido que produce el látigo en movimiento.

¿Buenas relaciones o lobby judicial?

El pasado miércoles Jaldo recibió en su despacho al vocal de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Ricardo Lorenzetti. Y un día después, el jueves, el mandatario tucumano participó activamente de la puesta en funciones del Juzgado Federal Nro. 3 que estará a cargo de Juan Manuel Díaz Vélez.

Toda la crème de la crème judicial y el poder político real de Tucumán estuvo presente en un solo acto. Quienes analizan la política más allá de los titulares de diarios afirman que la idea del gobernador es empezar a aceitar vínculos con la casta judicial, estrategia que su antecesor, Manzur, supo labrar con la habilidad de un orfebre. Ocurre que el fantasma de un eventual fallo en contra de su candidatura a gobernador lo acecha aunque asegure que la Constitución de Tucumán, en su artículo 90, lo habilita para un segundo mandato como gobernador. No es casual que algunos dirigentes de la oposición, como el legislador radical Agustín Romano Norri, hayan pedido públicamente que Jaldo se someta a una acción declarativa de certeza para que sea la Justicia la que diga si está en condiciones de ser candidato o si está «flojo de papeles», como lo sugirió el diputado libertario Mariano Campero.

Estar ligado a las altas esferas del poder judicial es un plus nada despreciable para un gobernador que buscará tener un rol activo de cabildante ante el presidente de la Cámara Federal de Apelaciones de Tucumán, Fernando Poviña, quien es intimo amigo del libertario Catalán y también es pareja de la vocal de la Corte Suprema tucumana, Eleonora Rodríguez Campos, quien a su vez es sobrina directa del ministro Fiscal Edmundo «Pirincho» Jiménez. El puente existente entre la Justicia provincial y Federal es un camino cargado de relaciones familiares y políticas que Jaldo no está dispuesto a desaprovechar.

«Castalán», el espejo de Adorni y el rol de la oposición

Algunas piezas en el tablero opositor ya empezaron a moverse. Y también aparecieron apodos nuevos, como del que fue víctima el presidente de LLA local, Lisandro Catalán. Bautizado «Castalán» por el fiscal adjunto Raúl Ferrazano, el libertario recibió ese mote luego de proponer la eliminación de las 93 comunas rurales mientras percibe ingresos anuales por 1 millón de dólares como miembro del directorio de YPF. El ex ministro del Interior también fue cuestionado luego de pronunciar un discurso contra la vieja política, cuando visitó Las Talitas, el pasado miércoles. Lanzó una frase poco feliz y estigmatizante, al manifestar que sacaría a «patadas en el culo» a quienes al poco tiempo de asumir como concejales o legisladores se compren una camioneta 4×4 o tiñan de rubio a su mujer. Muchos pensaron, en ese momento, en si Catalán hablaba de Tucumán o hacia una solapada referencia a Manuel Adorni, el ministro de Milei acusado de múltiples hechos de corrupción.

En la oposición no mileista también se observan los primeros movimientos con vistas a las elecciones del próximo año. El encuentro entre el ex intendente de Bella Vista, Sebastian Salazar, y su esposa, la intendenta Paula Quiles, y el gobernador Jaldo generó un sinnúmero de comentarios políticos. En el jaldismo aseguran que el radical y ex libertario apostará por el caballo del comisario para volver a ocupar el sillón de la ciudad donde vio nacer a Fernando Riera.

Quien también cambió de camiseta es el actual intendente de Concepción, Alejandro Molinuevo. Ya confirmó que buscará ser reelecto en el 2027, pero ya no de la mano de Roberto Sánchez. Su pase al mileismo ya es irreversible. Este hecho, considerado por el sanchismo como una inexplicable felonía por parte de «Cacano», habría motivado al ex piloto de rally a buscar un tercer mandato en la Perla del Sur. Con Molinuevo y Sánchez de candidatos, y con esta dispersión del voto oficialista, el jaldismo sueña con llegar a la Intendencia de la mano de un ex radical: el actual secretario de Gobierno, Raúl Albarracín.

* Periodista y Consultor Político. Director de Norte Multimedios

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