
*Por Leonel Mariani.
El peronismo tucumano atraviesa uno de esos momentos en los que las fotos buscan transmitir más de lo que las palabras pueden explicar. Después de semanas marcadas por movimientos internos, desplazamientos en la estructura partidaria y señales de tensión puertas adentro, la dirigencia oficialista volvió a reunirse en El Cadillal para exhibir una imagen de cohesión y enviar un mensaje de orden hacia adentro y hacia afuera del espacio.
La escena no fue casual. En los últimos meses, el denominado “triángulo de hierro” del oficialismo provincial pareció convertirse por momentos en un “triángulo de hielo”. Las formas elegidas para algunos movimientos internos generaron malestar en distintos sectores y alimentaron especulaciones sobre posibles diferencias dentro del peronismo gobernante. Aunque nadie habla públicamente de rupturas, tampoco son pocos los que reconocen que el clima interno ya no es el mismo de los primeros meses de gestión.
En ese contexto, el encuentro realizado en el predio de ATSA tuvo más contenido político que gastronómico. El objetivo principal pareció ser la organización del peronismo de cara a la etapa que viene y la construcción de un discurso común frente al escenario nacional. La discusión giró alrededor de cómo enfrentar el avance político de Javier Milei en el interior del país, qué aspectos del modelo nacional considera amenazantes el justicialismo y cuáles son las banderas que el espacio entiende que debe defender.
La nómina de asistentes también dejó mensajes. Estuvieron presentes el gobernador Osvaldo Jaldo, la intendenta Rossana Chahla y el vicegobernador Miguel Acevedo. Junto a este último apareció Ana Escobedo, recientemente desplazada como apoderada del Partido Justicialista.
La convocatoria reunió además a prácticamente todo el bloque oficialista de la Legislatura. La principal ausencia fue la del legislador Gabriel Yedlin, un dato que inevitablemente alimentó lecturas políticas. Más aún si se tiene en cuenta que días atrás su hermano, el diputado nacional Pablo Yedlin, declaró en una entrevista al programa Bisturí: “Hay que ver cuántos de los que estuvieron en El Cadillal estaban tan contentos de estar”.
La pregunta quedó flotando. Porque en política las presencias hablan, pero las ausencias muchas veces dicen aún más.
También participaron ministros del gabinete provincial como Darío Monteros, Federico Masso, Susana Montaldo y Regino Amado, además del secretario general de la Gobernación, Federico Nazur.
Más allá de los nombres, hay un dato que empieza a consolidarse: El Cadillal se transformó en el escenario elegido para ordenar al peronismo tucumano. Semanas atrás hubo un asado con delegados comunales. Luego fue el turno de intendentes con sus funcionarios y concejales. Ahora llegaron los legisladores.
Tres encuentros consecutivos, todos en el mismo lugar y con el mismo objetivo: mostrar unidad, fortalecer la conducción política y alinear a la estructura partidaria frente a los desafíos electorales que se aproximan.
Sin embargo, la pregunta sigue abierta. La unidad puede escenificarse en una fotografía, exhibirse en una mesa compartida o comunicarse mediante discursos. Lo más difícil suele ser construirla cuando aparecen las diferencias de fondo.
Por eso, mientras el oficialismo intenta ordenar sus filas y enviar señales de fortaleza, queda un interrogante que sobrevuela cada encuentro en El Cadillal: ¿alcanzará una sucesión de asados para cicatrizar las heridas, los desencuentros y los costos políticos acumulados durante estos años de gestión?
La respuesta, probablemente, no esté en la foto de hoy, sino en las decisiones que tome el peronismo tucumano en los próximos meses.
