
* Por Mario Koltan
La provincia encabeza la destrucción del tejido empresarial en el NOA, con 269 firmas menos en poco más de dos años. El fenómeno acompaña una tendencia nacional que ya se lleva más de 26 mil empleadores y 339 mil empleos registrados.
Hay un dato que no aparece en ningún discurso oficial, el cual contradice a la Federación Económica de Tucumán, pero que explica mejor que cualquier relato lo que atraviesa la economía tucumana: desde noviembre de 2023, la provincia pierde empresas casi todos los meses, sin pausa, sin excepción, sin cambio de tendencia. Son 23 meses consecutivos de caída interanual en la cantidad de empleadores registrados. Casi dos años de un mismo signo negativo.
Los números surgen de los registros de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), la fuente más confiable para medir el stock real de empresas que emplean formalmente en el país. Y el diagnóstico es contundente: Tucumán tenía 10.473 empresas empleadoras en noviembre de 2023. Hoy, con datos a febrero de 2026, quedan 10.204. La diferencia —269 firmas— representa una contracción del 2,6% del entramado productivo provincial.
Si el dato provincial ya preocupa, la comparación regional lo empeora. Tucumán no solo cae: cae más que sus vecinas. En el último año relevado, la pérdida absoluta de empresas por provincia del NOA fue la siguiente:
- Tucumán: -255
- Salta: -192
- Jujuy: -151
- Catamarca: -147
El liderazgo tucumano en este ranking no es un detalle menor. La provincia concentra buena parte del dinamismo económico del norte argentino —por población, por diversificación productiva, por peso relativo del comercio y los servicios— y sin embargo es la que más empresas pierde en términos absolutos. Eso sugiere que el ajuste no golpea parejo: castiga más donde había más para perder, y probablemente donde la cadena de pagos entre sectores es más extensa y más sensible a la caída del consumo.

¿Quiénes cierran la persiana?
La información provincial no permite una apertura sectorial completa, pero cruzando los datos locales con los informes nacionales el mapa del cierre queda bastante claro. Las actividades más golpeadas a nivel país —y también, con matices, en Tucumán— son:
- comercio mayorista y minorista;
- pequeñas y medianas industrias manufactureras;
- construcción;
- transporte y logística;
- servicios profesionales;
- rubros ligados al consumo interno en general.
En el plano local, el informe identifica un combo particular: comercios de cercanía, industrias que dependían del mercado interno, y proveedores tanto de la construcción como de la actividad azucarera, dos motores históricos de la economía tucumana. Que ambos aparezcan entre los más afectados no es casualidad: son sectores intensivos en mano de obra, con márgenes ajustados, y altamente dependientes del crédito y de la demanda doméstica, justamente las dos variables más castigadas por el programa económico vigente desde diciembre de 2023.
Lo que se pierde cuando cierra una pyme
El cierre de una empresa nunca es un dato aislado. Tiene efectos en cadena que el informe resume con precisión:
- menos empleo formal;
- menos inversión privada;
- menor base tributaria para la provincia;
- menos competencia y oferta de bienes y servicios;
- menor actividad comercial;
- un techo más bajo para el crecimiento futuro
Este último punto merece subrayarse. En una estructura productiva como la tucumana, donde las pymes explican la mayor parte del empleo privado, cada cierre no solo borra un número del padrón: borra capacidad instalada, know-how acumulado y puestos de trabajo que no se recuperan con la misma velocidad con la que se destruyen. Reabrir un comercio o un taller lleva meses o años; cerrarlo, semanas.
El espejo nacional: una foto todavía más dura
Lo que ocurre en Tucumán es, en rigor, una versión intensificada de un fenómeno que recorre todo el país. Entre noviembre de 2023 y marzo de 2026, a nivel nacional:
- desaparecieron cerca de 26.448 empresas empleadoras;
- se destruyeron más de 339.000 puestos de trabajo registrados;
- marzo de 2026 marcó el 18° mes consecutivo de caída mensual en la cantidad de firmas activas.
La lectura oficial suele apoyarse en el argumento de la “reorganización” o la “selección natural” de un sector privado que operaba bajo distorsiones de precios relativos y regulaciones excesivas. Pero un proceso de casi dos años ininterrumpidos de caída, sostenido en el tiempo y sin señales de reversión, difícilmente pueda explicarse solo como una depuración transitoria. Cuando la destrucción de empresas se vuelve estructural y no coyuntural, el costo social y productivo empieza a ser mucho más difícil de revertir que de generar.
La otra cara de la estabilidad
El discurso económico de los últimos dos años puso el foco en variables como la inflación, el resultado fiscal o el tipo de cambio. Son indicadores relevantes, pero incompletos si no se los mira junto al estado del tejido productivo real. Una provincia puede exhibir cierta estabilidad macro y, al mismo tiempo, seguir perdiendo empresas mes tras mes. Ambas cosas no son contradictorias: son, de hecho, la explicación de una misma moneda.
Tucumán encabeza hoy un ranking que ninguna provincia debería querer liderar. Y mientras el ajuste nacional sigue su curso, la pregunta que queda abierta es cuánto tejido productivo más puede perder la provincia antes de que el costo de reconstruirlo supere ampliamente el de haberlo sostenido.
Por Mario Koltan. Presidente del Grupo Boreal y titular de Unión y Progreso Social (UPS).
