
En la cena anual de la Fundación Libertad, criticó a Cristina Kirchner y a los “kukas”, defendió la inflación del 33% y denunció un intento de sabotaje orquestado por medios, economistas y políticos.
Fiel a su estilo confrontativo, el presidente Javier Milei fue el encargado de brindar el discurso de cierre en la cena anual de la Fundación Libertad, celebrada en Parque Norte. Tras recibir el premio Libertad 2026 de manos de Alberto Benegas Lynch (hijo), el mandatario utilizó su extensa exposición para justificar el rumbo de su severo plan económico, ensayar excusas por las cifras adversas y renovar sus ataques sistemáticos contra la oposición y el periodismo.
El titular de La Libertad Avanza comenzó su disertación solidarizándose con el candidato republicano a la Casa Blanca, tras el reciente tiroteo durante la cena anual de corresponsales en Washington. Luego de expresar su repudio al intento de asesinato contra Donald Trump, advirtió sobre un nuevo auge de la violencia política y apuntó contra el marxismo, asegurando que sus defensores “terminaron tomando la escena” y “no tienen ningún problema en matarnos si les es necesario”.
Lejos de mostrar empatía por el impacto social de sus medidas, Milei intentó convencer al auditorio de que “las ideas de la libertad funcionan”. Aseguró que su administración no solo ejecutó el ajuste económico más grande de la historia, sino que “le devolvió plata a los argentinos”. A la hora de justificar los drásticos recortes en el sector público, optó por lanzar sus habituales dardos contra la expresidenta Cristina Kirchner, a quien tildó de “presidiaria” y acusó de ejercer un “populismo salvaje” por el sistema jubilatorio.
Excusas por la inflación y ataques directos
En uno de los tramos más polémicos de su exposición, el jefe de Estado debió referirse a la inflación. Tras admitir que el 33% actual es “un número horrible”, evitó la autocrítica y construyó una particular teoría conspirativa para desligar a su gestión de cualquier responsabilidad.
Según Milei, los precios caían profundamente hasta que, tras la victoria electoral de Manuel Adorni en la Ciudad de Buenos Aires, la política “salió a jugar”. Culpó de la crisis a un “saboteo enorme” y a un ataque especulativo inédito orquestado y coordinado por empresarios, medios de comunicación, políticos y opinadores que buscaron destruir el equilibrio fiscal. Pese a este panorama, garantizó que su Gobierno no se apartará “un ápice de su ortodoxia” económica.

Para defender su gestión, el Presidente enumeró una serie de presuntos logros legislativos y arrojó una cifra por demás llamativa sobre el impacto social de su mandato: “En un mes y medio, sacamos más leyes que en los últimos 40 años. Sacamos también a 14 millones de la pobreza. No nos dejemos psicopatear por los kukas”, lanzó, en referencia al kirchnerismo, a quienes también tildó de “ignorantes y brutos en economía”, sumando agresiones hacia el gobernador Axel Kicillof, a quien llamó “soviético”.
Sobre el final de su discurso, insistió en que el costo del programa económico lo pagó la “casta” y recurrió a una comparación personal: “¿Saben a quién le fue peor en términos reales? A mí. Soy el único que no se modificó el sueldo desde que asumí. Soy el presidente que menos gana en América”, afirmó.

Fiel a su retórica, cerró la noche renovando su cruzada contra el periodismo, pidiéndole a sus seguidores no comprar las mentiras de quienes calificó como “ensobrados y corruptos”. El broche final fue un duro exabrupto dirigido a la gestión de la pandemia del expresidente Alberto Fernández: “Perdón el término. Esos hijos de puta hicieron que murieran 130.000 argentinos por hacer populismo”.
La cena, que se consolida como una de las principales citas de la ortodoxia liberal, congregó a más de mil invitados, entre los que destacaron el expresidente Mauricio Macri, los ministros Federico Sturzenegger y Diego Santilli, el ensayista Álvaro Vargas Llosa y la dirigente venezolana María Corina Machado.
