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Hizo 13 goles en un Mundial, le regalaron un fusil de asalto como premio y nunca más volvió a convertir

En la Copa del Mundo de 1958 el centrodelantero francés se convirtió en el máximo goleador de la historia de la competencia y fue superado recién en 2014 por Miroslav Klose.

En la Copa del Mundo de 1958 Just Fontaine, el centrodelantero de la selección francesa, convirtió 13 goles en apenas seis partidos. Con un promedio de 2,17 tantos por encuentro, se convirtió en el máximo goleador de la historia, récord que rompió Gerd Muller 16 años después. Sin embargo, hay una marca que nadie pudo alcanzar: festejar tantas veces en una sola edición. En una época sin premios oficiales, recibió un regalo inusual por su gran actuación: un fusil de asalto.

Las estadísticas de Fontaine podrían hacer creer a cualquiera que se trataba de una superestrella, de uno de los mejores de su época, pero en realidad llegó al Mundial de Suecia apenas recuperado de una lesión de rodilla. Además, cuando arribó se encontró con una sorpresa que suena increíble para la época actual: tenía los botines rotos. Finalmente, un compañero le prestó los suyos. 

Su recorrido goleador empezó en el debut ante Paraguay. Francia ganó 7-3 y Fontaine se despachó con un triplete: tres goles que ya marcaban el tono de lo que vendría. En el segundo partido, frente a Yugoslavia, volvió a convertir, aunque su equipo cayó 3-2. En el cierre del grupo, ante Escocia, anotó otro tanto en la victoria 2-1 que clasificó a los franceses.

En los cuartos de final, el rival fue Irlanda del Norte y Fontaine volvió a decir presente en la red en el triunfo 4-0. Ya en semifinales, contra Brasil, convirtió nuevamente, aunque Francia cayó 5-2 ante el equipo que terminaría siendo campeón. Lejos de bajar el ritmo, cerró su participación con una actuación histórica en el partido por el tercer puesto frente a Alemania Occidental. Francia ganó 6-3 y Fontaine marcó cuatro goles, la cifra más alta de su campaña en un solo partido. Ese póker terminó de sellar el récord, alcanzó los 13 goles en seis encuentros, una cifra que nunca volvió a repetirse.

Como si la historia necesitara un detalle más para quedar en la memoria, el premio que recibió también fue completamente fuera de lo común. En 1958 no existía la Bota de Oro, por lo que un medio sueco decidió reconocerlo de manera particular: le regaló un fusil de asalto, como símbolo de “su voracidad goleadora”. Fontaine lo recibió y lo exhibió con orgullo, en una escena que hoy resulta impensada. Su carrera fue tan breve como intensa, ya que las lesiones lo obligaron a retirarse con apenas 28 años, y si bien nunca volvió a disputar un Mundial, ya había hecho lo suficiente para quedar en la historia grande del fútbol. 

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