
El femicidio de Érika Antonella Álvarez, ocurrido en enero pasado, sumó una nueva y compleja arista judicial. Mientras el fiscal Pedro Gallo sostiene la acusación contra Felipe “El Militar” Sosa como autor material del crimen en su vivienda de calle Santo Domingo al 1.100, la defensa técnica ha introducido elementos que vinculan el entorno de la víctima con el crimen organizado transnacional.
La estrategia de la defensa busca demostrar que no se han agotado todas las hipótesis, señalando que la trama de adicciones y comercialización de estupefacientes que rodeaba a ambos protagonistas podría esconder motivaciones distintas al femicidio tradicional.
La pista de “Cabeça Branca”
El dato más llamativo surge de un testimonio de la familia de Érika, quien afirmó que la joven le mostró un DNI con el nombre de Luiz Carlos da Rocha.
- Quién es: Conocido como “Cabeça Branca”, fue durante décadas el “embajador” del narcotráfico en la región, operando una red de cocaína con múltiples identidades y cirugías plásticas.
- La contradicción: Da Rocha fue detenido en Brasil en 2017 y condenado a 50 años de prisión.
- El planteo: El abogado Cosiansi cuestiona cómo es posible que un documento a su nombre circule en Tucumán: “¿Alguien usaba su identidad o se omitió investigar si este hombre realmente sigue detenido?”, planteó el letrado.
“El Mayor” y el refugio en Tucumán
Otra línea confirmada en la investigación apunta a una pareja anterior de la víctima, un hombre de nacionalidad paraguaya identificado como Carlos “El Mayor” Ferreira.
- Antecedentes: Acusado de dirigir una organización de tráfico de marihuana a gran escala mediante vuelos clandestinos.
- Vínculo local: Ferreira fue detenido en Juan Bautista Alberdi en 2021 por orden de la justicia federal de Chaco, pero habría regresado a Tucumán en 2023 para refugiarse nuevamente en el sur provincial.
- Seguimiento: La Policía lo habría ubicado recientemente en la zona de Orán (Salta), un punto neurálgico del paso de drogas, aunque por el momento no se han dictado medidas restrictivas en su contra dentro de esta causa.
El perfil de “El Militar” Sosa
El caso ha dejado al descubierto la presunta actividad delictiva de Sosa, quien ya contaba con antecedentes por el hallazgo de un invernadero de marihuana en Yerba Buena. Además, se lo vincula como posible proveedor de éxtasis para fiestas electrónicas clandestinas en la capital.
Actualmente, por el crimen de Érika también permanecen procesados por encubrimiento Justina Gordillo (empleada judicial y expareja de Sosa), Nicolás Navarro Flores y Jorge “Chicho” Díaz. La justicia tucumana deberá determinar ahora si los vínculos de la víctima con estos “pesos pesados” del narcotráfico internacional son una pieza clave para entender el mecanismo de su muerte o si se trata de una maniobra distractiva de la defensa.
