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Radiografía de la desigualdad: el 10% más rico en Argentina percibe 13 veces más ingresos que el sector más pobre


Los últimos datos del INDEC al cierre de 2025 confirman una estructura distributiva estancada. Mientras la mitad de los trabajadores del país sobrevive con menos de $800.000 mensuales, la brecha de género y la informalidad laboral consolidan una pirámide donde el decil superior acapara el 32,3% de la riqueza total.

El informe sobre la Distribución del Ingreso del INDEC revela que, pese a las variaciones nominales, la matriz de desigualdad en Argentina no cede. El Coeficiente de Gini —indicador clave donde 0 es igualdad total y 1 es desigualdad absoluta— se ubicó en 0,427, una cifra que apenas se movió respecto al año anterior (0,430). Este estancamiento estadístico traduce una realidad cruda: el 10% de la población con mayores recursos se queda con casi un tercio de los ingresos totales, mientras que el 10% más postergado apenas accede al 1,8%.

La trampa del promedio y la realidad de la “mediana”
Para entender la economía real, el periodismo de datos debe mirar la mediana más que el promedio. Si bien el ingreso promedio de los ocupados aparece en $1.068.540, la mediana estadística se plantó en los $800.000. Esto significa que el 50% de los trabajadores argentinos gana menos de esa cifra, un monto que hoy corre de atrás a la canasta básica.

La situación es dramática en la base de la pirámide: los cuatro deciles de menores ingresos promedian apenas $392.439, una cifra que “empata” con el Salario Mínimo, Vital y Móvil, dejando a millones de familias en la frontera de la indigencia.

Informalidad y Género: Los motores de la brecha
El informe identifica dos factores determinantes que profundizan la fractura social:

El abismo de la informalidad: Un trabajador registrado percibe, en promedio, $1.321.353. En contraste, quien se desempeña en la informalidad cobra $651.484; exactamente la mitad. La precarización laboral es, hoy, la principal fábrica de pobreza en el país.

La persistente brecha de género: Las mujeres continúan sobrerrepresentadas en los empleos peor remunerados. Mientras el ingreso promedio de un varón es de $1.191.364, el de una mujer cae a $838.336, una diferencia que no responde a la capacitación sino a una estructura de mercado que sigue castigando el trabajo femenino.

Inflación vs. Ingresos
Aunque los ingresos nominales crecieron un 44,9% interanual, el dato es engañoso. La presión inflacionaria del último año ha actuado como un “impuesto a la pobreza” silencioso, diluyendo cualquier incremento paritario y neutralizando la posibilidad de ahorro o consumo para los sectores medios y bajos.

Sin una recomposición real del salario frente a los precios de la canasta básica, la foto de la desigualdad en Argentina amenaza con volverse un paisaje permanente, donde el crecimiento económico —de existir— queda atrapado en la cúpula de la pirámide sin derramar hacia la base trabajadora.

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