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Fito Páez, los silbidos y la experiencia Spinetta

La escena tuvo lugar hace casi 23 años. El 19 de septiembre de 2003, Luis Alberto Spinetta presentaba en el Teatro Gran Rex el flamante Para los árboles. Arrancó con un cover de Illya Kuryaki & The Valderramas, “Prométeme paraíso”. Siguió con “Oh! Magnolia”, del debut de los Socios del Desierto, “El mar es de llanto” de Silver Sorgo y “Tema de Titania”, compuesto junto a Claudio Gallardou para la obra teatral Puck. A partir de ahí arrancó con las doce canciones del nuevo álbum. Con una banda de acompañamiento tan soberbia como siempre, el Flaco fue dejando caer un aluvión de canciones hermosas, inspiradas, contundentes, climáticas.

Entre el público, una chica se desgañitaba pidiendo “No te alejes tanto de mí”.

En el final, tras otro cover -“Mother’s Nature Son” de The Beatles, caramba- y otro más y “Tonta luz”, en la sala volvió a resonar el pedido de “clásicos, Flaco!!!” y se pudrió. “No todo lo que escribo tiene que ver con acontecimientos de mi vida privada, sino con cosas que tienen relación con el mundo. Y no todos son clásicos. Hoy no tocamos ningún clásico… quizás algún día vuelva a tocar ese tema que se llama ‘Mucama (ojos de mantel)’”.

En la fila 15, una pareja se dio por vencida y encaró la salida.

Es un lindo rulo de la historia que ese “otro cover” fuera “Las cosas tienen movimiento” de Fito Páez. El miércoles, el rosarino célebre hizo lo mismo que Luis, despedir Novela antes del lanzamiento de Shine tocándolo completo y en orden. Lo silbaron. Lo abuchearon. La cosa solo se recompuso en la segunda parte, una cabalgata de trece hits de todas las épocas. “Los quiero escuchar cantar ahí atrás, ahora sí. ¿Silbaban muchísimo? ¡A cantar!”, toreó Páez, que después relativizó las cosas con una carta en las redes.

Comprar una entrada para el fútbol y reputear al equipo y sus jugadores es una costumbre bastante extendida, pero resulta al menos llamativa su explosión en un recital. Spinetta supo tener sus cruces con el público más recalcitrante, pero su bandera fue la frase “Mañana es mejor”, y tuvo shows en los que fue más permeable a su propia obra y al cabo terminó entregando algo tan contundente como el concierto de las Bandas Eternas en Vélez. La cosa nunca pasó a mayores, incluso llegó a convertirse en un juego que buscaba provocar algún retruécano irónico de Luis (uno de los más célebres fue cuando contestó al habitual “¡¡Flaco, no te mueras nunca!!“ con el inolvidable ”Vos tampoco, si no no te vas a enterar que no me morí“).

Son los tiempos que están huecos de emoción, cantaría David Lebón. O son los tiempos, a secas. La humanidad se ha acostumbrado a que todo comience cuando le da play, a expresar sus preferencias vía clicks y que el algoritmo la satisfaga, a bloquear lo que no le gusta y viralizar lo que pretende. Parece quedar fuera de la ecuación el instinto del artista, las mismas necesidades que lo llevaron a componer todas esas canciones, que tienen el valor de su obra más allá de la subjetiva apreciación del público. Dicho de manera menos elegante: querido público, han adquirido un ticket para ver a Fito Páez. Y es el mismo tipo que ha construido una carrera de más de cuatro décadas que le permite llenar una y otra vez el Movistar, y en una de esas funciones ejerce su derecho de artista, compositor, intérprete, performer, de decidir qué show quería ofrecer. Se entiende la indignación de quien preferiría verlo cantar “Un loco en la calesita” o lo que sea, pero pretender manejar un joystick con el que el muñequito de ahí arriba haga exactamente lo que uno quiere parece demasiado. Sin olvidar que en los últimos tiempos Fito le ha dado el gusto al público reversionando sus discos más queridos.

O bien: querido público, ¿a usted le aburre soberanamente Novela? Pues era hasta el jueves el disco más reciente de Páez, y bien cabía la posibilidad de que tocara esas canciones. Los libros Elige tu propia aventura son un lindo ejercicio de control narrativo, pero deberá apuntarse la obviedad de que un libro no es un show.

“No es necesario que Spinetta predique su prescindencia de los lugares comunes que dicen que en una lista de show hay que meter equis cantidad de hits, estratégicamente puestos en tal y tal momento. Igual que en sus discos, sus canciones, su lírica y su lenguaje musical, el Flaco está siempre más cerca del desafío que de la demagogia”, escribió este cronista en aquel lejano 2003 en el que solo dos personas de 3300 se levantaron y se fueron, y una chica se desgañitó pidiendo el tema de Mondo di Cromo pero finalmente se llamó a silencio. El auditorio terminó hipnóticamente entregado al desfile de canciones y a la vestimenta que les puso el bandón que integraban el Mono Fontana, Claudio Cardone, Rafa Arcaute, Javier Malosetti, Baltasar Comotto y el Tuerto Wirtz.

En los videos que circularon después pudo verse a decenas de personas scrolleando su celular mientras Fito tocaba Novela. No son pocos los músicos, aquí y fronteras afuera, que tratan de impulsar un debate serio alrededor de los teléfonos móviles. Harto de enfrentarse a personas que lo veían a través de una pantallita, Jack White ha llegado al extremo de retener los celulares en la entrada. Difícil imaginar una medida así en la Argentina. Pero lo del músico enemigo de Donald Trump no es un gesto represor, es una búsqueda de recordarle al público que la mejor manera de vivir un show es entregarse a él, concederle todos los sentidos, evitar la interferencia en esa pura comunión de arte y sensibilidad humana. Quizá no sea mala idea anular la tentación de postear en redes lo bien o lo mal que se la está pasando, el clip borroso y con pésimo sonido que da testimonio de que se está ahí. ¿Si uno va a un show y no lo postea, estuvo efectivamente en un show?

(Quien esto escribe, sí, postea imágenes de los shows a los que asiste. Pero siempre como mano de difusión al artista: una vez cumplida la premisa periodística, el celu vuelve al bolsillo para poder vivir el show)

Cada cual tendrá su propio juicio sobre Fito, sobre todos los Fitos que ha sido Fito a lo largo de su carrera. Lo loco es pretender darle órdenes por el costo de una entrada, sea onerosa o accesible (“Los de las filas traseras aplaudan, los de las delanteras sacudan sus joyas”). ¿Estaba acaso sobre el tablado Iván Hochman, protagonista de la serie El amor después del amor? No, no se anunció una cosa para ofrecer otra, difícil considerarlo una estafa. En la tormenta de opiniones desatada en las redes, el colega Joaquín Vismara recordó el caos de Charly García en llamas con los shows de La hija de la lágrima en el Opera, escenas lisérgicas como García yéndose del escenario a la calle para volver con un gatito rescatado de Avenida Corrientes. No vale decir “Bueno, pero Charly…”: como Fito, como Luis, el bigote hizo cada noche el show que quería, podía o sentía que debía ofrecer. Alguna noche no hizo ningún “clásico”. Alguna noche apenas tocó.

Sí, más de uno debe haber llegado a la misma conclusión: andá a silbar a ese Charly García. Y preparate para la retaliación.

El artista que hace estrictamente lo que quiere el público es, en el mejor de los casos, tribunero. En la consideración más dura se vuelve una marioneta, o un avatar manejado con mouse o a puro dedo nomás. Para quien pretenda eso se recomienda el uso de CDs, vinilos, casetes o plataformas, que suelen ser bastante más dóciles. Predecibles. La playlist perfecta. La galopante tecnología del siglo XXI bien puede permitir que mediante una IA cada cual pueda armarse el concierto predilecto del artista preferido y será otra forma más de consumo audiovisual, quizá certificadamente satisfactoria pero bueno, otra cosa. No un show. No un artista humano respondiendo a sus inquietudes y ofreciendo otra cosa a su público.

En diciembre de 2009, los dos decepcionados por el show de Para los árboles tuvieron revancha: salió Almendra y tocó, sí, “Mucama (ojos de mantel)”. Cuando bajó la espuma y volvió a presentarse como solista, antes del maldito 8 de febrero de 2012, Luis Alberto Spinetta volvió a levantar y defender la bandera de Mañana es mejor.Aunque estos tiempos habilitan agregarle un par de signos: ¿Mañana es mejor?

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