Déjà vu
*Por Juan Pablo Durán
La política es cíclica. Como si fuera un bucle eterno. Y la historia se repite, una vez más.
Hace 17 años gobernaba San Miguel de Tucumán un peronista de melena colorada: el por entonces ultrakirchnerista Domingo Amaya. A raíz de su buena gestión en la Ciudad y sus aceitados vínculos con Néstor y Cristina Kirchner, Amaya comenzó a tener vuelo propio y a henchir el pecho durante las recorridas de obras. Por esos años, la sociedad tucumana era testigo de una incipiente pelea de poder entre Amaya y el por entonces gobernador José Alperovich. Muchos hablaban por lo bajo, y en cada círculo político aseguraban que El Colorao sería el sucesor natural a la gobernación. No había Tik Tok, la disputa se daba cuerpo a cuerpo, en cada circuito territorial. En ese tie...

