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Déjà vu

*Por Juan Pablo Durán

La política es cíclica. Como si fuera un bucle eterno. Y la historia se repite, una vez más.

Hace 17 años gobernaba San Miguel de Tucumán un peronista de melena colorada: el por entonces ultrakirchnerista Domingo Amaya. A raíz de su buena gestión en la Ciudad y sus aceitados vínculos con Néstor y Cristina Kirchner, Amaya comenzó a tener vuelo propio y a henchir el pecho durante las recorridas de obras. Por esos años, la sociedad tucumana era testigo de una incipiente pelea de poder entre Amaya y el por entonces gobernador José Alperovich. Muchos hablaban por lo bajo, y en cada círculo político aseguraban que El Colorao sería el sucesor natural a la gobernación. No había Tik Tok, la disputa se daba cuerpo a cuerpo, en cada circuito territorial. En ese tiempo el actual interventor del Ente Tucumán Turismo no estaba solo. Contaba con un espadachín muy particular: el ex intendente Germán Alfaro, bautizado como El Pícaro por su amigo Sergio La Burra Mansilla. Alfaro, quien en 2009, ostentaba el cargo de diputado nacional pero con despacho propio en 9 de Julio y Lavalle, llegó a la Intendencia en 2003 por orden de Alperovich para controlar a Amaya. Eso nunca pasó. Alfaro no sólo construyó una amistad con su jefe municipal, sino que edificó una sociedad política que se desvaneció en 2015, cuando el Acuerdo por el Bicentenario fue derrotado por el binomio Mazur – Jaldo. En el peronismo coinciden en que las diferencias entre Alfaro y Alperovich venían desde antes del arribo de Amaya a la Intendencia, y no precisamente por cuestiones relacionadas con el poder.

Cuando la relación entre Amaya y Alperovich se tornó insostenible, al jefe municipal no le quedó otra opción que sacrificar a dos funcionarios de su íntima confianza. Había que darle de comer al Kraken. La guillotina se llevó puestas las cabezas de Walter Berarducci (secretario de Gobierno) y de Alfredo Toscano (subsecretario de Servicios Públicos). El degüello también llegó para Alfaro, que debió abandonar la oficina prestada que ocupaba como diputado nacional. Por esos días, las charlas conspirativas del alfarismo alternaban entre una oficina de calle General Paz y en un bar de barrio Sur, ubicado frente a la plaza San Martín, conocido por sus trasnochadas tertulias.

A 17 años de esa épica frustrada del alfarismo, hoy se repite la misma historia, pero con diferentes protagonistas. Desde hace un tiempo, el crecimiento de la imagen de la intendenta Rossana Chahla comenzó a hacer ruido en la Casa de Gobierno. La idea de que la ex ministra de Salud pueda encabezar un espacio de poder propio con prescindencia del jaldismo preocupa al gobernador Osvaldo Jaldo y a sus huestes.

Desde que Chahla llegó a la intendencia en 2023, el jaldismo la observa con profunda desconfianza. El hecho de que la jefa municipal haya llegado de la mano de Juan Manzur, y con el apoyo logístico del bancario Carlos Cisneros es un plato que todavía no logran digerir. Y más aún en los últimos días, cuando comenzó a sonar con fuerza la posibilidad de que el actual senador intente, en 2027, volver a sentarse en el sillón de Lucas Córdoba.

Mas allá de que Jaldo y Chahla decidan, una vez más, mostrar una señal de unidad —el gobernador la visitará este martes en la Intendencia— en los dos espacios reconocen que la cuestión de piel entre ambos pesa quizás más que lo político. Sin embargo, aseguran que esas diferencias personales deberán ser superadas si es que pretenden volver a ser gobierno el próximo año.

Como muestra de esa señal de reconciliación, y al igual de lo que ocurrió en 2009, Chahla le ofrendó a Jaldo la cabeza del subsecretario de Gobierno, Alejandro Sangenis, quien acostumbraba a hostigar al mandatario y a sus funcionarios en los medios de comunicación. Más comida para el Kraken. Si bien en la Casa de Gobierno saben que Sangenis respondía políticamente a Cisneros, consideran que su expiación fue un acto low cost para la intendenta. Además de ser un jugador de ligas menores, el ex comisionado comunal de Cebil Redondo ya venía caminando al borde el precipicio y su salida era inminente. Con la decapitación de Sangenis, la intendenta envió un doble mensaje: hacia el jadismo, de que está dispuesta a componer cualquier situación de quiebre; y hacia adentro, al mostrar que no le tiembla el pulso para llevar al patíbulo a cualquier funcionario que signifique un lastre o genere problemas. Tal como ya ocurrió con el ex secretario de Gobierno Martín Viola, que fue eyectado del cargo por haber compartido por Whatsapp —según trascendió en ese momento— información sensible relacionada a la gestión.

Mas allá de todo este contexto político, la pregunta que todos se formulan es la siguiente: ¿que pasará con la denuncia penal que presentó la concejal alfarista Ana González en contra de cinco funcionarios chahlistas? En pocas horas, Jaldo y Chahla fumarán la pipa de la paz y allí se verá si la causa sigue con el pie en el acelerador o bien comienza a “picar bajito”, como alguna vez lo sugirió un vocal de la Corte, en relación a una denuncia en contra de Ricardo Bussi.

Desconfianza mutua

En el entorno de Chahla sostienen tres hipótesis de tres posibles escenarios para 2027.  Los más pesimistas sostienen que Jaldo mantendría una relación cordial hasta dos meses antes de las elecciones. Allí le comunicaría que no sería la candidata del peronismo. Si esto ocurre, Chahla se quedaría sin margen de maniobra y su destino sería el llano. Otros argumentan que sí sería la candidata del oficialismo, pero que el peronismo le jugaría en contra y mandaría a votar por algún candidato a intendente de la oposición. En el tercer grupo se encuentran los que abonan la versión de que Jaldo avalaría más de un candidato a intendente. Esta especie ya fue desmentida por el jaldismo, según lo afirma Fernando Stanich en su última columna del diario Tendencia de Noticias.

A su vez, en el palacio gubernamental de 25 de Mayo y San Martín creen que si las tensiones continúan, Chahla estaría dispuesta a pegar un portazo y reeditar un frente opositor a lo Cano – Amaya como en 2015. Por eso, todos son conscientes de que la cuerda no puede tensarse más de lo normal.

Más allá de todas estas especulaciones, lo concreto es que ambos han optado como estrategia bregar para que la sangre no llegue al río. Al menos no por ahora.

*Director de Norte Multimedios

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