
El grave episodio ocurrió durante la noche del feriado en el nuevo centro socioeducativo para adolescentes que depende del Ministerio de Desarrollo Social. Hubo quema de colchones, destrozos generalizados, intentos de fuga y un operador retenido bajo amenaza con armas caseras. Los trabajadores denuncian desprotección total y exigen la presencia permanente de la Policía.
Una noche de extrema tensión y violencia se vivió en el Instituto Socioeducativo “San José Gabriel del Rosario Brochero”, el dispositivo para menores en conflicto con la ley penal ubicado dentro del complejo de Benjamín Paz. Aprovechando las últimas horas del feriado y una guardia reducida, un grupo de adolescentes alojados allí desató un violento motín que incluyó destrozos, incendios intencionales y un operario tomado como rehén.
Según los datos reconstruidos por Tendencia de Noticias, el conflicto arrancó cuando en el lugar solo permanecían los operadores de turno, personal de salud y trabajadores de la cocina. En pocos minutos, los jóvenes lograron avanzar sobre distintos sectores del predio, ensañándose con las oficinas, el gimnasio y la zona de la cocina, donde provocaron severos daños materiales y quemaron elementos para generar focos de incendio.
Armas caseras, un rehén y la intervención de la fuerza
El punto más crítico de la revuelta se dio cuando los amotinados comenzaron a exhibir armas blancas de fabricación casera (“facas”) para amenazar a las autoridades y a los empleados civiles. De acuerdo con los testimonios recogidos:
- Trabajador retenido: Uno de los operadores del instituto fue acorralado y permaneció retenido bajo amenazas directas durante una parte de los disturbios, mientras el resto de sus compañeros buscaba refugio donde podía.
- Gases y represión: Ante la gravedad de la situación y el peligro inminente de fuga, tuvo que intervenir el personal de seguridad del complejo. Para retomar el control de los pabellones se utilizaron gases lacrimógenos.
- Heridos: Trascendió que al menos una persona terminó con lesiones producto de los enfrentamientos, aunque debido al hermetismo oficial todavía no se conocen partes médicos detallados ni la identidad del afectado.
El grito de alerta de los trabajadores: “No se puede trabajar así”
El violento motín no hizo más que destapar una olla de reclamos que el personal del Instituto Padre Brochero viene haciendo desde hace tiempo de manera interna. Los operadores advirtieron que conviven a diario con un clima de amenazas y agresiones físicas constantes, trabajando con un número de personal “totalmente insuficiente” para la cantidad de menores alojados.
La queja principal apunta a la vulnerabilidad en la que desempeñan sus tareas: denuncian que no cuentan con presencia policial permanente dentro del dispositivo socioeducativo, a pesar de estar emplazado en un predio penitenciario. A pesar de las reiteradas notas y planteos formales elevados al Ministerio de Desarrollo Social sobre el riesgo laboral en este contexto de alta complejidad, los empleados aseguran que nunca recibieron respuestas concretas.
Hasta el momento, ninguna autoridad del Gobierno provincial salió a dar explicaciones públicas ni emitió un comunicado oficial sobre el alcance de los daños en el edificio o las medidas de seguridad que se tomarán de ahora en más.
