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Estudiantes argentinos desarrollaron un auto eléctrico, un perro robot autónomo y un cohete supersónico

Alumnos de ingeniería crearon prototipos que combinan mecánica, electrónica, inteligencia artificial, robótica y tecnología aeroespacial. Los proyectos apuntan a competencias internacionales, aplicaciones industriales y desarrollos de alto impacto.
Un perro robotque en breve será autónomo, un monoplaza eléctrico diseñado para competir en Fórmula SAE, y un cohete supersónico diseñado para superar los 30.000 pies de altura, son tres proyectos creados por estudiantes argentinos que demuestran cómo la ingeniería del país está a la altura de los últimos desarrollos mundiales.

En el marco del Future Day, el evento anual que organiza el ITBA con el objetivo de dar a conocer los proyectos de mayor impacto ideados y llevados a la realidad en la institución, se pudo conocer de primera mano estos desarrollos, conversar con los alumnos y ver en acción los adelantos.
Cada uno de ellos tiene un enfoque diferencial, pero comparten una misma lógica: equipos interdisciplinarios, trabajo extracurricular y prototipos reales que obligan a resolver problemas técnicos concretos: en un caso, el desafío está en transformar un robot básico en una plataforma inteligente capaz de moverse por su cuenta. En otro, convertir un chasis de combustión en un vehículo eléctrico de competición, y en el tercero, en lanzar un cohete de tres metros y 35 kilos en una competencia internacional en Estados Unidos.

El equipo detrás del robot está liderado por Juan Bautista, estudiante de Ingeniería del ITBA, y reúne alumnos de electrónica, informática y química. (Foto: Juan Pablo Chaves/ TN Videolab)
El equipo detrás del robot está liderado por Juan Bautista, estudiante de Ingeniería del ITBA, y reúne alumnos de electrónica, informática y química. (Foto: Juan Pablo Chaves/ TN Videolab)

El perro robot que tiene el objetivo de moverse solo por las aulas

El llamado Proyecto 26 es un robot con forma de perro con el objetivo de convertir al autómata básico en una plataforma inteligente y autónoma.

El equipo detrás del robot está liderado por Juan Gramaglia, estudiante de Ingeniería del ITBA, y reúne alumnos de electrónica, informática y química. “La idea es transformar este robot que, cuando lo recibimos, no podía hacer nada, no caminaba ni se paraba. Solo tenía la electrónica y motores. Ahora estamos trabajando en montar el software y los sensores para que pase de ser un ‘robot tonto’ a un robot inteligente”, explicó.

El equipo empezó a trabajar hace un mes y medio. En ese tiempo logró que el simpático perro mecánicose desplace con comandos desde una computadora, salude, baile, salte, evite golpearse contra personas y detecte a alguien con la cámara para seguirlo con la mirada.

El próximo paso es darle autonomía. Para eso, los estudiantes están integrando sensores de ultrasonido, láser, cámaras y un sistema LIDAR. La meta es que pueda ubicarse en tiempo real, reconocer obstáculos y desplazarse desde un punto hasta otro sin depender de órdenes manuales.

“El objetivo es que a fin de año el robot pueda moverse de forma autónoma por la facultad buscando objetos”, resumió el joven estudiante sobre la misión del proyecto.

El plan también incluye comandos de voz y modelos de lenguaje para que el robot pueda interactuar con personas. “Nos gustaría implementarle inteligencia artificial para que pueda acercarse a una persona, hablar e incluso interactuar con redes sociales como Twitter”, agregó.

Aunque el prototipo se desarrolla en un entorno académico, la tecnología detrás de estos robots tiene usos industriales. Según explicó el estudiante, se emplean en minería, plantas de petróleo, sitios de explosiones nucleares o aplicaciones militares, donde pueden cargar sensores para detectar fugas de gas, minerales, fallas estructurales o imágenes infrarrojas en zonas peligrosas para humanos.

Un auto eléctrico para competir en Fórmula SAE

Gianluca Catania, estudiante de cuarto año de Ingeniería Mecánica, forma parte del equipo que desarrolla un Formula SAE eléctrico (un tipo de auto de competición estudiantil) para correr en Brasil. El objetivo es representar a la facultad y al país en una competencia internacional donde no gana simplemente el auto más rápido: “No es una carrera común, sino un desafío de ingeniería donde se evalúan aspectos estáticos y dinámicos: diseño, gestión, desempeño, endurance y velocidad. Se intenta premiar la idea de ingeniería más que al piloto”, explicó Catania

El grupo recuperó un chasis de una versión a combustión y lo adaptó para convertirlo en un prototipo eléctrico. El trabajo se hizo entre 2024 y 2025 y contó con la participación de unos 15 alumnos de Ingeniería Mecánica y Electrónica.

El monoplaza tiene dos motores de 30 kW cada uno, con sus respectivos inversores para convertir corriente continua en alterna, ya que son motores trifásicos. La transmisión mecánica utiliza un conjunto de piñón y corona para transferir la potencia a las ruedas.

El equipo que desarrolló el Formula SAE eléctricopara correr en Brasil. (Foto: Juan Pablo Chaves/ TN Videolab)
El equipo que desarrolló el Formula SAE eléctricopara correr en Brasil. (Foto: Juan Pablo Chaves/ TN Videolab)

El sistema de baterías está compuesto por cuatro paquetes con ocho celdas cada uno, de litio-hierro-fosfato. También cuenta con un BMS, el sistema que controla y administra las baterías para detectar fallas y proteger las celdas.

Para Catania, una de las claves del proyecto fue salir de los límites de su propia carrera. “Como mecánicos, fue un desafío estar en contacto con la electrónica, algo que tal vez en la carrera no habíamos visto todavía. Tuvimos que aprender e investigar asuntos ajenos a nuestra carrera trabajando con estudiantes de electrónica; ese trabajo interdisciplinario es lo que estuvo bueno”, contó.

El proyecto también sirvió como plataforma para trabajos finales de alumnos de último año, que pudieron validar datos de simulación y suspensión sobre un prototipo real.

Un cohete supersónico hecho por estudiantes

El tercer proyecto apunta al espacio. Se trata de uncohete supersónico diseñado para superar los 30.000 pies (poco más de 9 kilómetros). Según explicó a TN Tecno Martina Parera, estudiante de tercer año de Ingeniería Mecánica, y miembro del equipo de payload, el vehículo mide tres metros de alto, pesa cerca de 35 kilos y tiene una estructura de fibra de carbono manufacturada al 100% por alumnos.

El equipo está integrado por unas 60 personas, distribuidas en áreas como aviónica, estructuras y recuperación. “Es un proyecto estudiantil con varias áreas. La estructura es 100% manufacturada por alumnos en fibra de carbono. La aviónica se encarga de la telemetría y el área de recovery diseña los paracaídas”, detalló Varela.

El equipo que desarrolló el cohete está integrado por unas 60 personas, distribuidas en áreas como aviónica, estructuras y recuperación. (Foto: Juan Pablo Chaves/ TN Videolab)
El equipo que desarrolló el cohete está integrado por unas 60 personas, distribuidas en áreas como aviónica, estructuras y recuperación. (Foto: Juan Pablo Chaves/ TN Videolab)

El cohete utilizará un motor sólido y será ensamblado en Texas, Estados Unidos, adonde el equipo viajará para competir contra universidades de distintos países. La evaluación no se limita al lanzamiento: también cuenta la apertura del sistema de recuperación, el aterrizaje seguro y la recuperación de los datos de vuelo. “La competición consiste en lanzar el cohete, que se abra en determinado momento, que aterrice sin estrellarse y recuperar todos los datos de vuelo de la aviónica”, explicó la estudiante.

Los tres proyectos demuestran que es posible construir y desarrollar tecnología en el país, con estudiantes de distintas carreras y objetivos que exceden la entrega de un trabajo práctico: “El ITBA Future Day acerca la ciencia a los estudiantes desde la experiencia y la curiosidad. Explorar un laboratorio, descubrir proyectos creados por estudiantes y conversar directamente con ellos, así como con docentes e investigadores, permite que el conocimiento se vuelva algo cercano y tangible”, concluyó Fabricio Ballarini, director del Departamento de Ciencias de la Vida del ITBA.

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