
*Por Hernán Gordillo
Tucumán ya tiene fecha para su próxima elección a gobernador: el 9 de mayo de 2027. La fijó una sola persona, sin pedirle permiso a nadie. Y ese detalle, que podría pasar por trámite administrativo, es en realidad la clave de lectura de todo lo que viene: cuando quien gobierna puede decidir hasta el calendario del juego sin que nadie tenga con qué responder, la pregunta que importa ya no es quién gana. Es cuánto se está disputando realmente el terreno.
Miren la interna del peronismo. Juan Manzur es, en el papel, el único con marca propia para pelearle el sello a Jaldo. En los hechos, su entorno ya avisó que la estrategia no pasa por construir estructura territorial sino por los tribunales: “tres o cuatro tienen la denuncia lista”, dijo su referente. Cuando un sector de tu propio espacio apuesta más a bloquearte en la Justicia que a vencerte en las urnas, está confesando, sin decirlo, que no tiene con qué competir en la cancha.
Miren después la única pieza que Jaldo no cerró. Rossana Chahla, la intendenta con mejor imagen y mayor despliegue digital de la provincia, no confirmó ni su reelección ni su lugar en la fórmula. “No lo tengo decidido”, dijo en julio. En cualquier elección disputada de verdad, esa indefinición sería una crisis de gabinete. Acá el propio PJ respondió, encogiéndose de hombros, que retiene la Capital “con o sin Chahla”. Esa tranquilidad ante la incertidumbre es un dato más elocuente que cualquier encuesta.
Y miren, por último, a la oposición que no es peronista. Catalán dice que va a ganar. Campero dice que va a ganar. Pero compiten entre sí por el mismo electorado en vez de unirse, con una brecha de imagen de casi 18 puntos frente a Jaldo que ninguno de los dos explica cómo va a cerrar. El que finalmente dijo la verdad en voz alta fue Bussi, pidiendo que se unifique la oposición y ofreciendo declinar su propia candidatura. Es la admisión más honesta del tablero: ni siquiera el candidato más veterano cree que, solo, alguno de ellos puede ganar.
No hace falta que ninguno lo diga en voz alta para que sea cierto: nadie construyó en 2026 lo que se necesita para disputarle el poder a Jaldo en 2027. Lo que sí se construye, con paciencia, es posicionamiento para el ciclo que viene después. Sea o no sea así, hay una honestidad que le debo al lector: parte de la prensa describe a Catalán como una amenaza real e inmediata, y quizás lo sea. Pero mientras esa amenaza no se traduzca en una sola boleta opositora ni en una estructura territorial equivalente a la del oficialismo, la elección de 2027 va a tener toda la forma de una elección — y muy poco de su sustancia.
*Director de Datacivis
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