
La falta de infraestructura deportiva en Tucumán volvió a quedar expuesta a partir del testimonio de un atleta que, pese a las dificultades, decidió continuar con una disciplina que practica desde chico. Franco Vallejo es lanzador de martillo y actualmente debe recorrer distintos espacios de la provincia para encontrar un lugar donde poder entrenar con seguridad.
Hijo del histórico atleta tucumano José Alberto Vallejo, múltiple campeón argentino y referente del lanzamiento de martillo, Franco contó en una entrevista con Tribuna Norte cómo las dificultades para acceder a una infraestructura adecuada afectan no solamente su preparación, sino también la continuidad de una disciplina que, según sostuvo, prácticamente desapareció de Tucumán.
Un deporte que necesita infraestructura específica
El lanzamiento de martillo no puede practicarse en cualquier espacio. El atleta explicó que, además del círculo desde donde se realiza el lanzamiento, es indispensable contar con una jaula de contención que permita reducir los riesgos.
“Primero y principalmente, es un deporte que requiere cierto tipo de seguridad, más que todo en infraestructura”, explicó Franco.
En el caso de la competencia masculina, el martillo pesa 7,260 kilos y está unido a un alambre. Al girar, el implemento adquiere una gran velocidad, por lo que cualquier inconveniente puede representar un peligro para quienes se encuentran alrededor.
“Es una bola que pesa 7,260 kilos y esa bola es con un alambre. Cada vez que va girando genera más velocidad o más fuerza centrífuga y puede generar algún tipo de peligro”, detalló.
Por eso, remarcó que la jaula no es un elemento accesorio, sino una condición necesaria para poder entrenar de manera segura.
Del CEF 18 a entrenar en distintos lugares
Franco recordó que durante su infancia sí contaba con un espacio donde practicar. Era en el CEF 18, donde había dos círculos y dos jaulas de contención.
“Cuando era chico y ejercía, teníamos cerca el CEF 18. En ese lugar nosotros podíamos ir a entrenar porque había dos círculos y dos jaulas”, recordó.
Pero con el paso del tiempo esa infraestructura dejó de estar disponible para la práctica del lanzamiento.
Cuando decidió volver a entrenar después de un período alejado de la actividad, se encontró con un panorama completamente diferente.
“Cuando quise volver después de unos años me encontré con circunstancias bastante complicadas. No tenía dónde entrenar. No existía el CEF, a pesar de que existe, esa jaula de entrenamiento ya no está”, relató.
La otra jaula tampoco puede utilizarse normalmente porque el lugar es utilizado para jugar al fútbol y los lanzamientos pueden provocar pozos en el terreno.
Una oportunidad que duró pocos meses
Ante esa situación, Franco consiguió entrenar durante un tiempo en la Facultad de Educación Física, gracias a la invitación de un colega que desarrolla allí una escuela de atletismo.
“Pude volver a entrenar un año. Tenía un horario de 20 a 21 horas para poder hacer los lanzamientos”, contó.
Sin embargo, la posibilidad duró solamente algunos meses.
“De un día para el otro le dijeron a él y a mí que no podía lanzar más porque la escuelita que ellos alquilaban generaba cierto tipo de pozos”, explicó.
La situación le resultó particularmente difícil de comprender porque se trataba justamente de un espacio destinado al desarrollo de distintas disciplinas deportivas.
“Estoy en la Facultad de Educación Física donde están todos los deportes. Si existe una jaula y existe un círculo y, lógicamente, creo que se puede lanzar”, sostuvo.
Franco incluso utilizó una comparación para explicar lo que significa que a un atleta le impidan practicar su especialidad en un espacio deportivo:
“Un amigo decía lo mismo: que vayas a una cancha de básquet y te prohíban encestar. O que vayas a una cancha de fútbol y te prohíban hacer goles”.
Entrenar en plazas abandonadas
Actualmente, la situación es todavía más precaria. Franco vive cerca de Manantial Sur y busca espacios abiertos donde pueda realizar sus lanzamientos.
“Hoy no puedo entrenar. Me voy a una parte donde hay unas plazas abandonadas y tengo que lanzar en la calle”, contó.
La dificultad no pasa solamente por encontrar un terreno suficientemente amplio. También necesita asegurarse de que no haya personas, vehículos u otros obstáculos que puedan quedar en la trayectoria del martillo.
“Uso la de círculo y lanzo al campo donde no hay nadie, esperando que no pasen autos, que no pasen personas”, explicó.
Para el atleta, esta situación termina generando frustración y también afecta las posibilidades de que otras personas se incorporen al deporte.
“Esto muchas veces va frustrando y por ahí no permite que salgan nuevas personas”, advirtió.
“Creería que soy el único”
Uno de los datos más fuertes de la entrevista apareció cuando Franco fue consultado sobre cuántas personas continúan practicando lanzamiento de martillo en Tucumán.
Su respuesta fue contundente.
“Si te digo que estaría prácticamente único… y en Trancas creo que hay tres o cuatro chiquitos que los vi lanzar en un torneo que hizo la Facultad de Educación Física”, señaló.
Según explicó, esos jóvenes mostraban condiciones y entusiasmo, pero la falta de espacios adecuados dificulta que puedan desarrollar su potencial.
“Con una mano en el corazón, creería que soy el único”, afirmó.
El problema, además, no se limita al martillo. Franco aseguró que otras especialidades del atletismo también necesitan infraestructura para poder desarrollarse.
“Tengo colegas de mi edad que saben lanzar jabalina, ¿me entendés? Porque también necesitan un espacio”, explicó.
Una pista que tampoco puede utilizar
Franco señaló que existe otro espacio que podría ser utilizado para la práctica del lanzamiento: la pista municipal ubicada en el Parque 3 de Febrero.
Según relató, allí existe un círculo, pero no una jaula.
“Esa pista es municipal, cuenta con un círculo. No hay jaula. Ahí podría lanzar tranquilamente”, explicó.
El problema, según su relato, es que dentro del campo se instaló una cancha de softball.
“Imaginate si yo tiro el martillo y le cae a alguien”, planteó.
Y volvió a remarcar la importancia de la jaula:
“La jaula es por las dudas. Se me rompe el alambre, se sale para cualquier lugar. Yo lo puedo apuntar, pero tampoco puedo prever que se me corte el alambre”.
“El atletismo de campo y de pista de a poquito ya no hay”
Para Franco, las consecuencias de la falta de infraestructura pueden verse directamente en la cantidad de atletas que practican cada especialidad.
“Yo creería que de a poquito y de a mucho ya no hay casi atletismo de campo y de pista. Hay poco”, sostuvo.
Según su mirada, la actividad que logró mayor desarrollo en los últimos años fue el running.
“Solamente está quedando lo que es running, maratones, media maratón”, señaló.
Y consideró que el problema termina afectando a toda la estructura del atletismo, que no está conformado solamente por las carreras.
“El atletismo está formado por pista, campo y carreras callejeras”, recordó.
La falta de recursos, un problema histórico
Franco también hizo hincapié en que las dificultades económicas no son nuevas para los atletas tucumanos.
“Siempre fue el recurso el problema. Siempre fue el recurso”, afirmó.
Recordó que en otras épocas, cuando los atletas alcanzaban determinadas marcas, existían mecanismos que les permitían viajar a competencias nacionales.
“Lográbamos marcas mínimas, podíamos viajar, nos daban el pasaje gratuito, teníamos el hospedaje y competíamos en los campeonatos nacionales”, contó.
También relató las dificultades que tenía para conseguir equipamiento específico.
“Si yo necesitaba zapatillas para lanzar, que son especiales, me las tenía que fabricar yo. No podía conseguirlas”, recordó.
A su entender, actualmente existe además una fuerte debilidad institucional.
“Hay una ausencia total de la Federación de Atletismo. Funcionaba antes perfecto y hoy desapareció. Está, pero está de nombre nada más”, cuestionó.
El legado de José Alberto Vallejo
La historia de Franco está inevitablemente relacionada con la de su padre, José Alberto Vallejo, una de las grandes figuras del atletismo tucumano y argentino.
Franco recordó con orgullo la trayectoria de su papá, quien fue campeón argentino en distintas disciplinas y durante años ostentó el récord sudamericano de lanzamiento de martillo.
“Mi papá fue 20 veces campeón argentino en todas las disciplinas: bala, disco, martillo. Creo que 15 o 16 veces fue en martillo”, contó.
También destacó su participación internacional: “Fue 20 años récordman sudamericano de lanzamiento de martillo, fue a dos Olimpiadas y a cuatro Panamericanos”.
Entre sus recuerdos familiares aparecen los Juegos Olímpicos de México 1968 y Múnich 1972, y particularmente el atentado contra la delegación israelí ocurrido durante los Juegos de Múnich.
“Mi papá me contaba que él justamente estaba en la Villa Olímpica y era justo al frente de su departamento que le había tocado”, recordó Franco.
Un atleta que también tuvo que trabajar para poder competir
Franco puso además en perspectiva las condiciones en las que su padre desarrolló su carrera.
Según recordó, José Alberto Vallejo tuvo que combinar el deporte de alto rendimiento con distintos trabajos.
“Si hubiese nacido en otro país donde era profesional… porque mi papá tenía que volver de los viajes de cuatro meses, de dos meses, y a laburar. Tenía tres laburos”, relató.
Incluso entrenaba en horarios poco habituales para poder sostener su preparación.
“Él podía entrenar a las tres de la mañana. El Gordo Vallesco, le decían, lo iba a entrenar a las cuatro de la mañana o a las doce de la mañana. Era el horario que él podía hacerse un ratito para entrenar”, contó.
Para Franco, si su padre hubiese contado con condiciones profesionales, podría haber alcanzado todavía mayores logros.
“Si él hubiese sido profesional, lógicamente hubiese sido, no sé, récordman del mundo o campeón del mundo, sin dudarlo”, afirmó.
El reclamo de Franco: que el martillo no desaparezca de Tucumán
A pesar de las dificultades, Franco continúa entrenando. Su objetivo no es solamente sostener su propia carrera, sino también evitar que las nuevas generaciones abandonen la disciplina por falta de condiciones.
Su testimonio se suma al de otros deportistas tucumanos que vienen reclamando por la falta de infraestructura y recursos para el deporte amateur.
“Es una campana y una puerta abierta para nosotros los deportistas que nos interesa poder continuar con nuestra actividad y contar con los medios”, expresó al finalizar la entrevista.
La historia de Franco Vallejo vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que excede al lanzamiento de martillo: ¿qué posibilidades tiene un atleta tucumano de desarrollar una carrera deportiva si no cuenta siquiera con un lugar seguro donde entrenar?
Mientras busca una respuesta, Franco sigue lanzando. A falta de una pista equipada, una jaula y un espacio destinado específicamente para su disciplina, continúa buscando un lugar donde poder practicar el deporte que heredó de su padre y que, según advierte, corre el riesgo de desaparecer de la provincia.
