
Tras las intensas lluvias del fin de semana, el municipio capitalino adjudicó los anegamientos a un fenómeno extraordinario que duplicó la media mensual en apenas 90 minutos. Sin embargo, desde la Secretaría de Servicios Públicos reconocieron que aún restan iniciar proyectos clave de infraestructura para evitar que el sistema pluvial se vea desbordado ante cada tormenta.
El pasado sábado, San Miguel de Tucumán volvió a exhibir la fragilidad de su esquema de drenaje urbano. Según datos oficiales, algunos pluviómetros de la zona sur registraron hasta 125 milímetros en una hora y media, una cifra que representa el doble de lo esperado para todo el mes de abril. “El agua no escurrió y tuvimos los problemas en toda la ciudad”, admitió Luciano Chincarini, titular del área.
Si bien la gestión municipal destacó que no se registraron evacuados —a diferencia de temporales anteriores—, la saturación del suelo y el colapso de las arterias principales volvieron a poner bajo la lupa el estado del mantenimiento preventivo.
Los nexos faltantes y el calendario de limpieza
Aunque el funcionario resaltó el trabajo de las cuadrillas en la desobstrucción de imbornales y cámaras, también dejó entrever las asignaturas pendientes de la administración. Chincarini admitió la existencia de “obras que todavía hay que empezar y no se pudo por distintas razones”, un factor que, sumado a la intensidad de la lluvia, resultó determinante para que el sistema se viera rápidamente rebalsado.
Un punto que genera interrogantes es la temporalidad de las tareas de fondo. Según el propio secretario, el mantenimiento y la limpieza profunda de los canales suelen iniciarse en el mes de abril, coincidiendo con el fin de la época estival. Esta planificación abre el debate sobre si la ciudad llega tarde a la preparación de su infraestructura, considerando que los fenómenos de gran intensidad han dejado de ser una excepción en el verano tucumano.
Un alivio parcial en las zonas críticas
Pese al escenario dramático que vivió la provincia —marcado por la pérdida de tres vidas en otros puntos del territorio—, el municipio rescató como un “fruto” de las tareas realizadas que barrios históricamente anegados en la zona sur no sufrieran inundaciones de vivienda.
No obstante, el panorama en la zona norte y el centro porteño mostró otra cara: calles convertidas en ríos y un sistema de colectores que, pese a los dos camiones desobstructores que operan diariamente, se mostró insuficiente frente a la magnitud del agua acumulada. La gestión ahora enfrenta el desafío de pasar del relevamiento de daños a la ejecución de las obras estructurales que, por diversas razones, todavía siguen en lista de espera.
