
El paso por una de las rutas marítimas más estratégicas del mundo quedó, otra vez, en el centro de la escena. Desde Teherán, el mensaje fue directo: ningún barco podrá circular sin autorización.
El vocero del ejército iraní, Mohammad Akraminia, aseguró que las fuerzas armadas controlan plenamente el estrecho de Ormuz y que la restricción alcanza tanto a navíos aliados como a potenciales adversarios.
Según explicó el funcionario, el dominio sobre el estrecho es considerado un “derecho inherente” del país, que en los últimos años no se había ejercido con este nivel de firmeza.
La vigilancia se reparte entre distintas fuerzas: el Cuerpo de los Guardianes de la Revolución Islámica en el sector occidental y el ejército regular en el oriental. Desde ambas posiciones, afirmó, se supervisa el tránsito marítimo de forma estricta.
“Ningún buque, ya sea amigo o enemigo, tendrá derecho a pasar sin autorización”, sostuvo Akraminia en declaraciones difundidas por medios oficiales.
Presión internacional y pedidos de paso
El endurecimiento del control no pasó desapercibido. De acuerdo con la agencia iraní Fars, varios países ya iniciaron gestiones para garantizar la circulación de sus embarcaciones por la zona.
El viceministro de Relaciones Exteriores, Hamid Ghanbari, indicó que esos pedidos se realizan de manera urgente a través de canales diplomáticos formales.
La decisión se inscribe en un escenario geopolítico más amplio. Irán había reforzado su control sobre el estrecho desde fines de febrero, cuando restringió el paso de buques vinculados a Estados Unidos e Israel tras ataques conjuntos contra su territorio.
El estrecho de Ormuz es una arteria fundamental para el comercio energético global, ya que por allí circula una porción significativa del petróleo que se exporta desde Medio Oriente.
Cualquier alteración en su funcionamiento tiene impacto directo en los mercados internacionales y eleva la tensión en una región históricamente sensible.
