
La llegada del frío volvió a poner en evidencia el fuerte impacto de la crisis económica sobre el consumo cotidiano. Un relevamiento reciente reveló que abrigar a una familia tipo puede costar entre $188.000 y casi $460.000, dependiendo del lugar donde se realicen las compras.
La diferencia de precios entre comercios céntricos, paseos de compras y plataformas online es cada vez más marcada y obliga a muchas familias a buscar alternativas más económicas para enfrentar las bajas temperaturas.
Según el informe, comprar prendas básicas de invierno en locales ubicados en zonas comerciales tradicionales demanda alrededor de $384.520 para una familia integrada por dos adultos y un niño.
El mayor gasto corresponde a las camperas, buzos y prendas de abrigo de mujer.
Entre los productos incluidos aparecen:
- camperas inflables,
- pantalones de frisa,
- buzos,
- sacos,
- gorros y guantes.
En algunos casos, una sola campera para adulto supera los $50 mil.
Los paseos de compras se consolidan como refugio económico
Las ferias barriales y paseos de compras populares aparecieron como la alternativa más accesible.
Allí, vestir a toda la familia ronda los $188.000, menos de la mitad del valor registrado en los comercios céntricos.
Sin embargo, el relevamiento advirtió que existen limitaciones en talles, variedad y stock de accesorios de invierno.
Aun así, muchas familias priorizan esos espacios debido a la diferencia de precios.
El informe también analizó los costos de plataformas internacionales como Shein.
Aunque muchos consumidores las utilizan por sus precios iniciales, el valor final aumenta considerablemente al sumar impuestos y costos de envío.
En total, comprar ropa de invierno para una familia mediante esa modalidad puede superar los $457.000.
La situación económica también afecta directamente a los comerciantes.
Ante la baja del consumo, numerosos locales comenzaron a sacar percheros a la calle, ofrecer promociones agresivas y multiplicar las facilidades de pago para atraer clientes.
En varias galerías comerciales ya son habituales los carteles improvisados con descuentos y ofertas.
“Hoy vendí solamente un jogging”, resumió la dueña de un local al describir la situación actual.
Otro comerciante explicó que muchas personas recorren negocios, preguntan precios y finalmente se retiran sin comprar.
El relevamiento refleja cómo el cambio de temporada se produce en un contexto económico complejo, marcado por salarios deteriorados y menor capacidad de compra.
Para muchas familias, renovar el guardarropa de invierno dejó de ser una compra habitual y pasó a convertirse en un gasto difícil de afrontar.
Mientras tanto, los comerciantes intentan sostener las ventas con descuentos, cuotas y liquidaciones anticipadas para evitar una caída aún mayor del consumo.
