
El proceso de desindustrialización y parálisis económica que atraviesa el país ya se cobró un tendal de dimensiones históricas en el aparato productivo nacional. Los registros oficiales del sector laboral confirmaron una drástica contracción en el parque empresarial argentino: el Sistema de Riesgos del Trabajo (SRT) reportó la destrucción neta de 26.448 empresas empleadoras en lo que va de la gestión de Javier Milei. Las planillas estadísticas determinan que las pequeñas y medianas empresas (pymes) sufrieron el golpe de gracia, concentrando de manera dramática el 98% de las bajas totales a nivel federal.
Las especificaciones del informe técnico exponen que la crisis ensañó su peor cara con el eslabón más débil, ya que el 67% de las firmas dadas de baja contaban con estructuras mínimas de un solo trabajador registrado. En paralelo, la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial registró un pico de 92 procesos concursales solo en el primer cuatrimestre. El titular de Industriales Pymes Argentinos (IPA), Daniel Rosato, advirtió que el concurso preventivo funciona hoy como la antesala directa de la quiebra definitiva, proyectando una pérdida global de 600.000 puestos de trabajo para el cierre del año si la recesión no encuentra un piso.
La cancha inclinada: el costo argentino frente a los subsidios de China
Al analizar las causas de este colapso, el economista Guido Zack señaló que las empresas locales afrontan condiciones de extrema hostilidad generadas por el actual esquema de políticas públicas de la Casa Rosada. Las industrias nacionales arrastran costos en dólares muy elevados, una asfixiante presión tributaria y un financiamiento prohibitivo que las deja totalmente desarmadas frente a los competidores externos en plena apertura comercial.
Zack afirmó que la cancha está completamente inclinada a favor de las importaciones debido a las profundas asimetrías fiscales del mercado interno. Mientras el industrial argentino debe cargar con el peso del impuesto al cheque y de Ingresos Brutos en cada etapa de producción, los productos terminados que ingresan desde el extranjero están exentos de esas tasas. A esta vulnerabilidad impositiva se le suman las ventajas competitivas de los subsidios directos que otorga el gobierno de China a sus manufacturas, destruyendo cualquier posibilidad de competencia leal para las pymes locales.
El mito del derrame: parálisis en San Juan y desocupación en Añelo
La recesión del consumo interno convive con una marcada distorsión macroeconómica. Si bien las planillas del INDEC reflejaron un crecimiento técnico del PBI del 2,3% motorizado exclusivamente por el avance del sector primario de minas y canteras, desde los sectores industriales aseveran que el promocionado “derrame” minero y energético no está llegando a las comunidades ni a la cadena de proveedores locales.
El impacto de este modelo de enclave se siente con fuerza en las provincias. El intendente de Añelo —corazón de Vaca Muerta—, Fernando Banderet, manifestó su alarma ante el crecimiento vertical de la desocupación y la falta de infraestructura urbana para contener la demanda social. En tanto, en San Juan, las pymes industriales locales denunciaron que están trabajando apenas al 50% de su capacidad instalada debido a que las grandes corporaciones mineras prefieren importar insumos clave de forma directa, llegando al extremo de ingresar campamentos prefabricados desde China en lugar de contratar mano de obra y talleres metalúrgicos de la región.
