El Consejo Directivo se reunió en Azopardo por la reforma laboral, pero por ahora no habrá paro general. Conviven posturas enfrentadas sobre cuánto confrontar.
En la jornada de ayer el Consejo Directivo de la Confederación General del Trabajo (CGT), sesionó en su histórica sede de la calle Azopardo, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, para definir cómo responder al avance de la reforma laboral que impulsa el Gobierno.
El encuentro, que reunió a los principales referentes de la central, se desarrolló en un clima de marcada tensión con la Casa Rosada, pero también atravesado por las diferencias internas sobre hasta dónde escalar el conflicto.
El dato saliente es lo que no estará sobre la mesa: pese a las expectativas por nuevas protestas y acciones en la calle, por ahora la central descarta convocar de manera inmediata a un nuevo paro general.
La decisión expone la cautela de un sector de la conducción que prefiere no tensar la cuerda al máximo en este tramo.
Puertas adentro, la CGT está lejos de hablar con una sola voz. Conviven posturas distintas respecto del nivel de enfrentamiento con el Ejecutivo, aunque sus dirigentes coinciden en sostener un frente común contra la reforma.
Entre las alternativas que la central puso en estudio aparecen la convocatoria a nuevas movilizaciones y actos en puntos estratégicos del país, la organización de jornadas nacionales de protesta con ceses parciales de actividad, la profundización de la ofensiva judicial contra los puntos más resistidos del proyecto y la articulación con otras centrales sindicales y movimientos sociales para coordinar una estrategia conjunta.
Esa convivencia de líneas internas (entre los más combativos y los partidarios de no romper puentes) es lo que mantiene en suspenso el formato final de la respuesta gremial y deja en evidencia la pulseada que se libra dentro de la conducción.
