
La industria panadera de Tucumán atraviesa uno de los momentos más críticos de los últimos años debido a la combinación de fuertes subas tarifarias, incrementos en los insumos y un desplome generalizado del consumo interno. Según datos del Centro Industrial de Panaderos provincial, en los últimos dos años un total de 110 comercios y puntos de venta tuvieron que cerrar sus puertas definitivamente tanto en la capital como en el interior tucumano.
El presidente de la entidad, Pablo Albertus, en diálogo con La Gaceta, calificó la actual coyuntura como una «ecuación siniestra» donde los márgenes de rentabilidad se redujeron al mínimo indispensable para la supervivencia de las empresas. El peso de las facturas de servicios públicos, especialmente de luz y gas, se convirtió en el principal ahogo financiero para sostener la estructura operativa diaria de los locales.
A pesar de este escenario asfixiante, el sector acordó mantener sin cambios el precio del pan francés, el producto de mayor consumo masivo. Los valores continuarán oscilando entre los $3.500 y $4.000 el kilo, priorizando el costado social y comunitario que caracteriza a los comercios de barrio frente al deterioro del poder adquisitivo de los hogares.
Sin embargo, para amortiguar parcialmente el impacto de los costos fijos, las panaderías aplicarán desde el 1 de septiembre un incremento de entre el 7% y el 10% en las especialidades. Facturas, tortillas, pizzas, sándwiches y productos de confitería sufrirán esta suba debido a que su demanda es menor y permite equilibrar de forma focalizada las cuentas de los negocios.
El desplome de las ventas de temporada también encendió las alertas en el sector productivo regional. Albertus graficó la crítica situación al señalar que «este invierno fue un verano», evidenciando que las familias recortaron compras incluso en los meses fríos, período en el cual tradicionalmente solía repuntar la actividad comercial entre un 10% y un 15%.
A la presión tarifaria se sumó la suba constante en las materias primas esenciales para la elaboración diaria. En las últimas semanas, la harina registró un incremento del 6%, los artículos de papelería y plástico treparon entre un 7% y un 8%, y los insumos químicos atados al valor del dólar continuaron encareciéndose durante el mes de agosto.
Para sobrevivir a esta dinámica recesiva, muchos establecimientos debieron reinventar su modelo comercial tradicional. La incorporación de cafeterías al paso, espacios de consumo rápido y una mayor oferta de productos congelados se transformó en una estrategia indispensable para diversificar ingresos y evitar nuevos cierres de sucursales.
La crisis también impacta de lleno en el plano laboral, donde las empresas intentan preservar las fuentes de trabajo en medio de negociaciones paritarias. Ante la caída operativa, los dueños de panaderías se ven obligados a reorganizar planteles, reducir turnos y redistribuir personal ante la imposibilidad de mantener funcionando comercios enteros.
De cara al futuro inmediato, el Centro Industrial de Panaderos advirtió que el congelamiento del pan francés tiene un plazo estimado de sostenibilidad de entre 40 y 60 días. Todo dependerá de la evolución macroeconómica y de la recuperación de los bolsillos locales, ya que el margen de absorción de costos por parte de los empresarios llegó a su límite operativo.
