
“Le cosió la boca al muñeco. Podría haberle quebrado una mano, cortado una pierna, pero no: le cosió la boca”. Así describió la médica Cecilia Ousset la desesperación que sentía Karla Robles en enero de 2022, cuando estuvo internada en el Cren, institución de salud mental, tras un primer intento de suicidio. Lo contó en el juicio que se sigue contra Diego Zerda, por la instigación al suicidio de la jeven que se quitó la vida en un vivo de TikTok en octubre de 2024.
“Se había querido colgar por insistencia de este chico y su hermano Nazareno la había descubierto, la había descolgado y su mamá, esto es lo que no no me olvidó más, la había llevado en moto a el Hospital”, contó Ousset, que la conoció porque ella también estaba internada, pero como cuidadora de un familiar menor de edad.
Su testimonio podría torcer el rumbo de la causa, porque los peritajes de los teléfonos o fueron concluyentes sobre el delito del que se acusa a Zerda. No hay un mensaje que diga “matate” o “suicidate” (él mismo borró sus conversaciones con Karla y luego formateó su teléfono). Por eso, las declaraciones de quienes la conocieron resultan fundamentales.
Hasta ahora, la mamá de la víctima y tres de sus amigas declararon que Zerda la atormentaba, la hostigaba y le insistía en que debía quitarse la vida para proteger a su familia. Sin embargo, el testimonio de la médica Ousset cobra relevancia, porque nadie la conocía hasta que ella misma se presentó, de manera espontánea, en la fiscalía. No pudo haberse puesto de acuerdo con las amigas de Karla ni con su madre para perjudicar a Zerda porque, simplemente, no se conocían.
Volviendo a enero de 2022, cuando ambas estaban internadas, Ousset relató que el estado de Karla era desesperante. Tenía temblores, sentía que se asfixiaba y tenía frecuentes ataques de pánico. Además, estaba segura de que se iba a morir. “Era una persona que, se veía a la legua, era sumamente vulnerable con una psique menor a la de su edad o a las chicas que yo conozco de su edad. Yo soy tocoginecóloga, veo muchas mujeres todos los días y Karlita tenía una clara fragilidad emocional”, describió.
Además, Ousset dijo que escuchó ella misma los audios que, durante la internación, Diego Zerda le enviaba constantemente. “Todos los días durante la internación le llegaban audios (…). Estaba internada y su expareja le mandaba audios diciendo, ‘gorda, puta’, perdón por las palabras, ‘gorda, puta, negra de mierda, hija de puta, te vas a morir igual, matate, matate’.
Yo le pedía que por favor no escuchemos más. Yo no aguantaba lo que este señor decía”, describió la mujer. “Yo le decía, ‘hija, tenés que hacer una denuncia’. ‘No, es que yo ya tengo denuncia’”, continuó. En efecto, la denuncia ya existía en Tribunales pero, al igual que las otras que hizo, nunca prosperó.
“Ella quedaba muy mal cada vez que esta persona (la contactaba), yo lo que no entiendo es por qué no le sacaban el celular, pero aparentemente era para que ella esté comunicada con el exterior, especialmente con sus familiares (…) La chiquita, cada vez que sucedía esto, tenía unas crisis de angustia, le dicen ataques de pánico, temblaba completamente y había que darle la medicación que se llama de rescate”, profundizó.
Karla creía en brujerías. Por eso, Ousset, en un momento, para tranquilizarla, decidió seguirle la corriente. Idearon juntas hacer un muñeco vudú, que es una figura con forma humana a la que, según algunas creencias populares, se le hace lo mismo que se le quiere hacer a una persona. Por ejemplo, clavarle alfileres.
“Es lo que se me ocurrió”, explicó. “No te dan elementos punzo cortantes, no podía tener tijeras para hacer un muñeco más elaborado. Lo hicimos con servilletas y a la cabecita del muñeco le pusimos algodón. Le di felpones, que eso sí se puede llevar, y conseguimos por la señora de limpieza hilo y aguja”, detalló. En la parte del pecho, le escribió la palabra “Diego”.
“Le digo ‘hacé lo que vos quieras con el muñeco porque se va a cumplir, es una contra brujería poderosísima”. Ousset se mostró sumamente sorprendida cuando vio lo que Karla decidió hacer con la figura: en lugar de agredirlo o mutilarlo, le cosió la boca.
“Entonces, ella quedó super tranquila, tengo una foto del día siguiente jugando a las cartas, ella creía que habíamos hecho algo poderosísimo con la brujería”, relató. Luego, el familiar de la médica fue dado de alta y sólo se vieron en un par de ocasiones más. Cuando Karla murió dos años después, el hermano de la médica reconoció su rostro en televisión y le avisó a Ousset, que decidió declarar en la causa y se presentó en Tribunales.
La teoría del complot
Como Diego Zerda no habló, se conoce su postura por su abogada defensora, Marta Toledo. Asegura que él no la instigó a suicidarse y que Karla lo hizo por problemas mentales que tenía antes de conocerlo y que obedecían a desacuerdos con su propia familia.
Esa hipótesis no explica por qué tres amigas de Karla declararon que él siempre la instigó, excepto que se trate de impresiones subjetivas equivocadas. Sin embargo, en la causa existen mensajes que Karla escribió a sus amigas contándoles específicamente cómo él insistía en que debía quitarse la vida para proteger a su familia.
La otra posibilidad es un complot contra Zerda. En caso de que exista, debió haberse orquestado en el momento en que Karla murió. Sin embargo, esa posibilidad parece alejarse por las declaraciones de los cuatro policías que primero llegaron al lugar del hecho.
Todavía con el cuerpo de Karla en la habitación, coincidieron en que sus amigas (que habían visto el vivo y corrieron para tratar de salvarla) y sus familiares apuntaban contra una misma persona: Diego Zerda. De hecho, una de ellas tomó el celular de su amiga y vio, en tiempo real, cómo el acusado borraba cada uno de los mensajes del chat. La joven lo filmó y le avisó de inmediato a uno de los uniformados, que secuestró su celular. ¿Tuvieron tiempo de ponerse de acuerdo en la misma mentira en los minutos que pasaron desde la muerte de Karla hasta la llegada de la Policía?
La importancia del dolo
La instigación al suicidio es un delito que sólo se puede cometer con dolo, es decir, con intención. La persona que lo comete tiene que tener como objetivo que la víctima se quite la vida. No todo insulto, humillación o pelea que termine en un suicidio es un delito: solo aquella en la que el autor buscaba activamente ese resultado.
Por eso es tan importante la palabra “matate”. En el juicio, que ya lleva cuatro jornadas, diversos testigos (aún sin conocerse entre sí) coincidieron en que esa orden existía permanentemente por parte de Zerda.
“Karla lo bloqueaba y él se generaba otra cuenta”, contó la médica Ousset sobre el período en que estuvo internada. “Parece que esta persona no esperaba que Karla conteste los mensajes, era solamente el hostigamiento permanente. Miren, yo todos los días veo casos de violencia de género. Él quería que se mate. Era una obsesión con ‘matate, colgate, lo mismo te vas a morir’. Y ella era una persona super vulnerable en ese sentido. Entonces, no me imagino el pánico que habrá tenido”, remarcó.
La tarea de la jueza Fanny Siriani consistirá ahora en determinar si Karla se quitó la vida como consecuencia de tantos años de insistencia y hostigamiento o si lo hizo por algún otro motivo. También deberá considerar si los problemas de salud que la joven tenía ,ya sea producto de su relación con Zerda, de la muerte de su abuela o de cualquier otro origen, fueron explotados por el acusado para lograr el suicidio.
Por lo pronto, hay un elemento sumamente fuerte para pensar que el suicidio fue para él: en su estado de WhatsApp puso el enlace al vivo en que transmitió su muerte, pero lo configuró para que solamente lo pueda ver una persona: Diego Zerda. /Por Mariana Romero – Tendencia de Noticias
