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Caso Lebbos: el desfile de los peritos bajo la sombra del encubrimiento

Comienza una etapa crucial en el nuevo juicio por el crimen de Paulina. El tribunal escuchará hoy a los especialistas que intervinieron en el hallazgo del cuerpo en Tapia. Entre sospechas de negligencia y muestras que se “perdieron” con el tiempo, la justicia intenta reconstruir un rompecabezas que el poder político y policial se encargó de romper durante dos décadas.

Veinte años de impunidad no pasan en vano. No solo envejecen los expedientes; también se degradan las pruebas y, con ellas, la posibilidad de una justicia plena. Hoy, desde las 8:30, el juicio contra César Soto y Sergio Kaleñuk entra en una fase técnica que, en realidad, es un viaje al corazón de la desidia —o la complicidad— que signó el caso desde aquel marzo de 2006.

El banquillo de los testigos recibirá hoy a los peritos que tuvieron la responsabilidad de “hablar” por Paulina cuando su cuerpo fue hallado a la vera de la ruta 341. Sin embargo, en el historial de esta causa, los peritajes no siempre trajeron luz. Por el contrario, muchos contribuyeron al caos investigativo que permitió que los verdaderos responsables caminaran libres mientras el tiempo borraba las huellas.

Testigos bajo la lupa
La jornada de hoy tiene un nombre que resuena con fuerza: Lilia Moyano. La ex jefa del Laboratorio de Toxicología de la Policía no es una testigo más; ya fue investigada por encubrimiento tras el juicio de 2018. Su testimonio es clave —y tenso—: ella fue la encargada de recolectar y preservar los cabellos y larvas que podrían haber identificado al asesino hace 20 años. Hoy deberá explicar por qué esas muestras fundamentales terminaron siendo inútiles por el paso del tiempo.

Junto a ella, la bioquímica Sara Cristina Daives y un equipo de odontólogos forenses intentarán dar precisiones sobre la identificación de los restos y la primera autopsia. El tribunal, integrado por Morales Lezica, Romagnoli y Fradejas, busca determinar si la degradación de las pruebas fue una fatalidad técnica o parte del plan sistemático de ocultamiento que ya llevó a la cárcel a policías, funcionarios y hasta a un fiscal.

Un sistema diseñado para no encontrar
La importancia de esta séptima audiencia radica en desnudar cómo se trabajó en la escena del crimen. El caso Lebbos es la prueba irrefutable de que, en Tucumán, el encubrimiento fue la norma. Con más de diez policías condenados a lo largo de los años, el desfile de peritos de hoy no es solo un trámite administrativo; es la puesta en evidencia de cómo se puede “perder” un culpable entre laboratorios y actas mal confeccionadas.

Mientras tanto, la sombra de los “hijos del poder” y las maniobras de la cúpula policial de aquel entonces (Sánchez, Barrera, Brito) siguen sobrevolando la sala. Mañana será el turno de los políticos y los comisarios condenados. Hoy, el foco está en la ciencia: esa que debió ser exacta y que, en manos del encubrimiento, terminó siendo una aliada del silencio.

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