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Quita de subsidios: millones de hogares dejaron de recibir ayuda en luz y gas

El mapa energético argentino cambió de forma acelerada en los últimos dos años. La reducción de subsidios impulsada por el Gobierno dejó a millones de hogares fuera del esquema de asistencia estatal y consolidó un nuevo escenario en el que cada vez más usuarios pagan el costo pleno de los servicios.

Los números reflejan la magnitud del giro: 2,1 millones de hogares dejaron de recibir subsidios en la electricidad y cerca de 900.000 en el gas natural. Con ese recorte, la proporción de usuarios sin asistencia ya alcanza aproximadamente a la mitad del total.

El cambio no fue menor. La poda en las transferencias permitió reducir el gasto en subsidios energéticos en más de US$ 5.600 millones durante la actual gestión.

En términos macroeconómicos, esa partida pasó de representar cerca del 1,4% del PBI a ubicarse en torno al 0,6%, con la meta oficial de seguir bajando hasta el 0,5% en 2026.

Detrás de ese resultado hay dos motores principales: subas sostenidas en las tarifas y una revisión profunda del padrón de beneficiarios.

Uno de los ejes centrales fue la detección de irregularidades en el esquema de subsidios. En ese proceso, el Gobierno eliminó beneficios que alcanzaban a sectores que no cumplían con los criterios establecidos.

Entre los casos detectados aparecieron hogares en countries y barrios cerrados que recibían asistencia, registros a nombre de personas fallecidas y usuarios que, pese a cumplir condiciones, nunca habían completado el trámite formal.

También se avanzó sobre comercios e industrias, que dejaron de recibir subsidios en un contexto de preocupación por el impacto de los costos energéticos en la actividad.

Un nuevo esquema más restrictivo

El sistema actual dejó atrás la segmentación por niveles de ingresos y avanzó hacia un modelo más simple: los Subsidios Energéticos Focalizados (SEF).

Bajo este esquema, la división es directa: hogares con subsidio y hogares sin subsidio, definidos a partir de cruces de datos sobre ingresos, patrimonio y consumo.

El resultado fue una reducción progresiva del universo asistido tanto en electricidad como en gas, con una mayor incidencia sobre los sectores de ingresos medios, que en muchos casos quedaron fuera del beneficio.

El reordenamiento tarifario vino acompañado de un cambio en el comportamiento de pago. Las empresas distribuidoras registraron una mejora significativa en la cobrabilidad, que pasó de niveles cercanos al 48% al inicio de la gestión a cifras próximas al 97%.

Sin embargo, ese proceso tuvo un impacto directo en el bolsillo de los usuarios. Las tarifas fueron uno de los componentes con mayor incidencia en la inflación reciente, con aumentos que explicaron una parte relevante de la suba del costo de vida.

Un cambio estructural en el sistema energético

Más allá de los números, lo que aparece es un cambio de lógica. Durante años, el sistema funcionó con tarifas subsidiadas que cubrían una parte importante de los costos.

Hoy, el escenario es distinto: los usuarios pasaron de pagar cerca del 30% del costo real de la energía a afrontar alrededor del 70%.

El resultado es un esquema más cercano a los valores de mercado, pero también más exigente para los hogares. En ese equilibrio entre orden fiscal e impacto social se juega el nuevo modelo energético que empieza a consolidarse en la Argentina.

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