
Miguel, el abuelo de Agostina Vega, rompió el silencio en medio de la profunda conmoción por el asesinato de la adolescente. Entre lágrimas, expresó la angustia que vive la familia ante el inminente y doloroso paso de informarle lo sucedido a la madre de la víctima, quien permanece internada, y aseguró de forma tajante que no se detendrá hasta que todos los implicados terminen tras las rejas.
El dolor y la impotencia invaden la puerta de la vivienda de la familia Vega. Miguel atendió a los medios de comunicación y reflejó el calvario que atraviesan, centrado en las próximas horas debido al estado de salud de su hija (madre de Agostina): “Nos está esperando el cuerpo médico para poder darle esta terrible noticia que no sabemos cómo se la vamos a poder decir”, confesó quebrado por la situación.
Respecto al estado de la mujer, el abuelo detalló que pasó la noche contenida por sus familiares y bajo estricta asistencia médica: “Pasó la noche bien, fue medicada, le dieron un calmante, durmió bien. Ahora me dijeron que había desayunado”.
Defensa familiar y la sospecha de más implicados
Durante su diálogo con la prensa, Miguel aprovechó para desmentir rotundamente las versiones y rumores que circularon en las últimas horas en torno al entorno de la víctima: “Se hablaron cosas de mi hija que no tienen nada que ver, ella no está imputada ni investigada. Somos una familia unida, somos buena gente, todo el mundo nos conoce. Todo lo que están hablando de ella es mentira”.
Por otro lado, se refirió al avance de la investigación y sembró sospechas sobre la participación de terceras personas en el asesinato, más allá del único detenido que tiene la causa, Claudio Barrelier:
“Voy a seguir con las marchas. No voy a parar hasta que esté el último responsable preso. Estoy convencido de que hay más gente implicada. El fiscal nos dio indicios de que hay más gente implicada”.
Pedido de justicia y una muestra de entereza
Con una visible mezcla de bronca y dolor, el abuelo de Agostina cargó con dureza contra Barrelier, exigiendo la pena máxima para él y sus presuntos cómplices: “Quiero que todos los responsables se pudran en la cárcel. Lo que le hicieron a mi nieta no tiene perdón de Dios. Él va a seguir con su vida y yo a mi nieta no la voy a tener más”.
A pesar del devastador panorama, Miguel intentó mostrar fuerzas para apuntalar al resto de sus seres queridos en este proceso de duelo: “Estoy quebrado, pero no roto. Me voy a enderezar”.
Finalmente, agradeció las masivas muestras de solidaridad que recibió el entorno de la adolescente en las últimas horas, las cuales trascendieron las fronteras locales: “Vino gente de toda Córdoba a darme un abrazo. Me llamaron hasta de Chile para darme apoyo”, concluyó.
