
*Por Juan Pablo Durán.
Hay una frase que Rodolfo Walsh dejó grabada a fuego en la historia de nuestra profesión: el periodismo nació para ser crítico. Si no lo es, entonces es una farsa. Una pantomima bien remunerada, un simulacro de democracia que solo sirve para endulzar al poder. Y sin embargo, en estos tiempos, esa verdad fundacional se ha convertido en una utopía.
Todos coincidimos en que la objetividad y la imparcialidad en la profesión son conceptos perimidos. No porque no sean deseables, sino porque son casi imposibles de alcanzar en estado puro. Cuando trabajás en un medio cuya finalidad es la rentabilidad económica y no la verdad, la independencia plena se vuelve una quimera. Entre la necesidad de pagar sueldos, mantener la estructura y no enemistarse con el gobierno de turno, la neutralidad suele convertirse en una excusa elegante para no molestar.
Por eso lo que hay que exigir hoy no es un periodismo «objetivo», sino un periodismo honesto. Uno que asuma sus límites, sus inevitables miradas, pero que no mienta ni se arrodille. Eso es lo que hoy brilla por su ausencia.
El periodismo argentino se ha convertido, en gran medida, en una mera vocería del poder. Da igual si es oficialista u opositor. La gran mayoría de los colegas han transformado la profesión en un área externa de comunicación de la Casa Rosada. Gobierne quien gobierne, algunos medios y periodistas funcionan como voceros oficiosos. Reciben la información filtrada, la amplifican, la defienden y atacan al que se atreva a cuestionarla.
A Javier Milei, como a los presidentes que lo precedieron, no le interesa la imparcialidad del periodismo. Lo que le importa es tener la mayor cantidad de periodistas de su lado. Los que deciden escarbar, preguntar incómodamente o mostrar lo que no se quiere mostrar, automáticamente pasan a la categoría de enemigos. Pasó con Carlos Menem y pasó con Néstor Kirchner, que distinguía entre «periodistas amigos» y el resto. Y pasa ahora con Milei, que no disimula su desprecio.
Al decir de Horacio Verbitsky, el ideal del poder sería un mundo sin periodistas. Sin nadie que husmee, que moleste, que publique lo que se supone que debe permanecer oculto. La frase de Milei «no odiamos lo suficiente a los periodistas», más allá de su intención provocadora, inocula violencia. Es un mensaje de odio porque el periodismo crítico molesta. Molesta a los corruptos. Molesta a los que usan el Estado como botín. Molesta a los que prometen una cosa y hacen exactamente lo contrario.
Sin periodismo crítico nunca nos hubiéramos enterado de los viajes en avión privado de Manuel Adorni ni de las casas que compró sin poder justificar sus ingresos de manera convincente. Tampoco nos habríamos enterado de que una intendenta de la ciudad más pobre de Tucumán, con un sueldo que ronda los 4 millones de pesos mensuales, haya adquirido una casa de un millón de dólares en el country más exclusivo de la provincia. Son hechos. Datos. No opiniones. Y el poder los odia.
No hay que olvidar tampoco el intento de censura, persecución y allanamientos en los domicilios de los periodistas Mauro Federico y Jorge Rial por difundir audios vinculados a presuntas coimas a favor de Karina Milei. Ni el bochornoso episodio de prohibir el ingreso de periodistas a la Casa Rosada. Son señales claras de un poder que se incomoda cuando se lo observa con lupa.
La regla es vieja pero cierta: el periodismo existe para escarbar, para desenterrar lo que el poder busca ocultar. Porque el que nada debe, nada teme. El que tiene las cuentas en orden, no necesita amenazar, perseguir ni estigmatizar al mensajero.
En Tucumán lo sabemos bien. Aquí, como en el resto del país, oficialistas y opositores quieren periodistas domesticados, agradecidos y funcionales. Pero la profesión no nació para eso. Nació para incomodar, para preguntar lo que nadie quiere responder, para poner luz donde prefieren que haya oscuridad.
Y mientras quede alguien dispuesto a ejercerlo con honestidad, el periodismo seguirá siendo una amenaza. Para los corruptos, claro. Sólo para ellos.
Feliz Día del Periodista.
*Director de Norte Multimedios

