
El economista Eduardo Robinson trazó una radiografía minuciosa sobre el presente macroeconómico del país y su impacto directo en el escenario productivo y financiero de Tucumán. En una entrevista brindada a Bisturí | Periodismo al Hueso, el especialista coincidió en que el nivel de actividad atraviesa un evidente proceso de “amesetamiento”, caracterizado por una estabilidad que, si bien frena un deterioro marcado, no logra consolidar un progreso genuino en el día a día de la calle. Robinson advirtió que coexisten realidades contrapuestas —con sectores de punta fuertemente favorecidos y un mercado interno debilitado— y analizó los desafíos fiscales que enfrenta la provincia ante su dependencia de las arcas nacionales en un año que ya empieza a oler a campaña electoral.
El debate por el consumo y la volatilidad cambiaria
Al ser consultado sobre el estancamiento del consumo interno y los resultados negativos en fechas comerciales clave, Robinson rechazó de plano las recetas tradicionales de emisión y subsidio, proponiendo un cambio de enfoque de fondo:
“El consumo es una variable que tiene que ser una consecuencia, no una prioridad. Si nosotros priorizamos el consumo artificialmente y vas a un ‘plan platita’, expandiendo el gasto, eso va directamente a los precios. Para que el consumo se potencie de manera genuina tiene que reaparecer el crédito, y para eso deben bajar las tasas de interés. Por otro lado, se necesita un proceso de mayor inversión no solo en los sectores tradicionales como energía o minería, sino en las economías regionales. Para que haya consumo debe haber una mejor dinámica en el mercado laboral para que la gente mejore sus ingresos, pero no con anabólicos, sino de manera estructural”.
Respecto a la escalada que exhibió el dólar libre en las últimas dos semanas, el economista descartó un escenario de desborde financiero y lo atribuyó a factores estacionales bien definidos: “Es una oscilación muy puntual. En junio confluyen el cobro del medio aguinaldo con presiones técnicas de inversores que desarman posiciones en bonos en pesos para volcarse al dólar como resguardo contra la inflación. Es un mercado de volumen pequeño y el movimiento es coyuntural; no estamos viendo una corrida. De hecho, durante el primer cuatrimestre la inflación corrió muy por encima de las cotizaciones y el dólar incluso bajaba. El abastecimiento de divisas para los próximos meses está asegurado por la buena liquidación de la cosecha gruesa, la minería y el salto exportador de Vaca Muerta ante el contexto internacional”.
La paradoja tucumana: Un motor regional dinámico pero sin grandes inversiones
Al analizar la situación particular de las finanzas de Tucumán de cara a los compromisos de la administración de Osvaldo Jaldo, Robinson describió un esquema de orden relativo que convive con debilidades estructurales históricas:
“La provincia de Tucumán, al igual que la mayoría de las jurisdicciones del norte argentino, es altamente dependiente de los recursos de origen nacional. Estamos hablando de que, según el año, dependemos de entre un 75% y un 80% de los fondos federales para sostener el gasto público. Sin embargo, Tucumán ha logrado mantener relativamente estable su nivel de actividad focalizándose en sus industrias tradicionales. Aunque el precio del azúcar está algo más bajo, la actual campaña muestra buenos volúmenes tanto en producción azucarera como de alcohol, sumado al dinamismo histórico de la citricultura. Ese pulmón productivo sostiene la recaudación propia y es lo que le permitió al Gobierno afrontar el medio aguinaldo y sostener los servicios básicos de salud y educación sin sobresaltos. No le sobra absolutamente nada, está en una meseta, pero es una provincia relativamente ordenada dentro de un contexto de muy bajos niveles de inversión”.
Finalmente, el especialista abordó la parálisis de la obra pública y el fuerte deterioro que exhiben las rutas y caminos, evaluando el impacto que tendría una reactivación y proponiendo alternativas a la histórica caja estatal:
“El Gobierno Nacional frenó las obras bajo dos argumentos: el achicamiento del gasto público y la visión de que el sistema tradicional se prestaba a nichos de corrupción, donde los fondos se perdían en laberintos burocráticos y nunca se traducían en asfalto real. Ahora bien, el deterioro de la infraestructura vial y de servicios en escuelas y hospitales es muy marcado. Lo que la Argentina tiene que hacer es estudiar los mecanismos de Participación Público-Privada (PPP) que se aplican con éxito en el mundo. Hay que armar una agenda estricta de priorización de obras donde coexistan los compromisos del Estado y del sector privado, aplicando licitaciones transparentes que resguarden los fondos públicos. Dejar todo en manos del aparato estatal ya demostró sus falencias, pero la inacción total tampoco es sostenible si queremos reactivar el aparato productivo”.
