
Los números no mienten, pero a veces duelen, y en la interna tucumana la última encuesta de CB Consultora encendió las alarmas de los celos políticos en la Casa de Gobierno. Aunque Osvaldo Jaldo celebra su tercer puesto nacional, hay una cifra que hace sombra en su propio despacho y genera comentarios en los pasillos.
Rossana Chahla, la jefa municipal de la Capital, asomó la cabeza con una imagen positiva que supera sutilmente a la del mismísimo Gobernador en cuanto a efectividad vecinal. La intendenta se ubicó quinta entre sus pares de todo el país, demostrando que su gestión en San Miguel de Tucumán tiene un “brillo” propio que cautiva a los encuestados de la ciudad.
Es un secreto a voces que este duelo de porcentajes marca el pulso de la provincia, donde cada punto ganado se siente como una batalla librada en el territorio por el liderazgo real. Mientras tanto, en el fondo de la tabla, gobernadores como Kicillof miran con nostalgia los números que se manejan en el norte argentino, lejos de la crisis bonaerense.
La pregunta que queda flotando en el aire tucumano es cuánto durará esta “paz armada” sostenida por el idilio de las encuestas y el visto bueno de la gente de a pie.
Este “voto de confianza” hacia la Intendenta parece ser un mensaje cifrado para quienes subestimaron su capacidad de construcción política en el principal distrito de la provincia. Mientras Chahla se consolida a nivel nacional, la mirada del gobernador se expande hacia el interior, donde los caudillos observan de reojo este crecimiento meteórico.
No son pocos los que advierten que esta competencia silenciosa por el cariño de la gente podría derivar en un cortocircuito si las aspiraciones personales chocan con la estrategia oficial. Por ahora, el brindis es compartido, pero la calculadora no descansa y cada centésima de aprobación se pelea como si fuera la última.
