
Fundación Boreal consolidó en Famaillá una fábrica propia de marcos de anteojos producidos íntegramente con plástico reciclado. A través del programa Promover Salud, la entidad ya cuadruplicó su capacidad de entrega en lo que va de 2026, alcanzando a los sectores más vulnerables de seis provincias.
En un contexto donde el acceso a la salud visual se ha vuelto prohibitivo para amplios sectores de la población debido a los costos de los insumos ópticos, Fundación Boreal logró cerrar un círculo virtuoso de sostenibilidad y asistencia social. La iniciativa no solo retira plástico del medio ambiente, sino que lo transforma en una herramienta crítica para el aprendizaje y la integración social: anteojos recetados gratuitos.
Cristian Mur, director ejecutivo de la Fundación, detalló la evolución de este proyecto que nació de una necesidad urgente. “La imposibilidad de costear un anteojo hoy es una barrera insalvable para muchos. Logramos autonomía total: fabricamos el marco en Famaillá y biselamos el cristal en nuestro laboratorio propio”, explicó .
El polo productivo de Famaillá y el apoyo internacional
La infraestructura del proyecto cuenta con dos nodos clave. En un predio cedido por la empresa San Miguel Global, en Famaillá, se procesan las tapitas donadas por la comunidad para convertirlas en marcos de alta resistencia. Por otro lado, la sede de la fundación, en Santiago del Estero 140, funciona como laboratorio óptico, equipado con tecnología de precisión subsidiada por la Embajada de Alemania.
Las cifras de 2026 reflejan la escalada del programa:
Producción actual: Entre 200 y 300 marcos mensuales.
Crecimiento: De los 100 anteojos entregados en todo 2025, la cifra saltó a 450 solo en el primer trimestre de este año.
Proyección: Estiman triplicar la capacidad operativa para antes de diciembre.
Salud visual en las aulas: una alerta silenciosa
Más allá de la logística, Mur encendió una luz de alerta sobre el impacto de la falta de controles oftalmológicos en la educación. En muchas zonas rurales de Tucumán y el NOA, lo que se diagnostica erróneamente como un “problema de aprendizaje” es, en realidad, una patología visual no detectada.
“Hay niños que no saben leer simplemente porque no ven el pizarrón”, graficó el directivo. El programa pone especial énfasis en la detección precoz de la ambliopía en zonas de alta montaña, donde la intervención entre los 3 y 5 años es determinante para evitar una discapacidad visual permanente.
Un llamado a la responsabilidad social
El éxito del programa depende directamente del compromiso ciudadano. El proceso de economía circular se activa con un gesto simple: acercar tapitas de plástico a la sede central de la fundación. Para Mur, el proyecto invita a una reflexión más profunda sobre el individualismo actual: “Debemos dejar de mirar tanto la pantalla y empezar a mirar la realidad del vecino; dar una mano desde lo humanamente posible”.
