
Un informe de la consultora Centrix revela una alarmante fragilidad financiera en los hogares: seis de cada diez argentinos no logran estirar sus ingresos más allá del día 20 del mes. Ante la pérdida de poder adquisitivo, el recurso al crédito con tasas de hasta el 240% anual se ha convertido en una herramienta de subsistencia para pagar alimentos y servicios.
Mientras los indicadores de actividad económica comienzan a mostrar signos de estabilización en sectores específicos, la economía doméstica atraviesa su momento más crítico. Según el último relevamiento de la consultora Centrix, el endeudamiento en Argentina ha mutado su naturaleza: ya no se busca financiamiento para bienes durables o inversión, sino para gestionar la brecha temporal entre el agotamiento del salario y el fin de mes.
El dato central del estudio es contundente: más del 50% de la sociedad reconoce que sus ingresos mensuales claudican antes de llegar al día 20. Esta asfixia financiera obliga a casi seis de cada diez hogares a tomar deuda corriente en el último semestre para sostener el consumo de elementos esenciales.
La trampa de las tasas y el refugio en la informalidad
El director de la firma, Claudio Montiel, destaca un fenómeno de “canibalización financiera”. Con tasas de refinanciación de tarjetas de crédito que alcanzan el 240% efectivo anual y préstamos de billeteras virtuales que rondan el 180%, el costo de “llegar a fin de mes” se vuelve impagable.
Esta distorsión ha generado un desplazamiento hacia el sistema informal: hoy, para muchos sectores, el “prestamista del barrio” ofrece condiciones menos leoninas que el sistema bancario tradicional o el revolving de las tarjetas. Esta dinámica no solo incrementa el riesgo de morosidad —ya advertido en los informes del Banco Central—, sino que consolida un círculo vicioso de deuda sobre deuda.
Clase media-baja: el sector más expuesto
El impacto de esta crisis de ingresos se concentra con especial dureza en la clase media-baja. Se trata de un segmento que, a pesar de contar con múltiples empleos o “changas”, no logra equiparar sus haberes con la curva de precios. El 84% de los consultados afirma que su salario ha perdido la carrera contra la inflación, lo que ha reducido drásticamente el margen de auxilio financiero entre familiares y conocidos.
La combinación de ingresos rezagados y un costo del dinero estratosférico plantea un desafío sistémico para la gestión económica nacional. Sin una recomposición real del salario, la Argentina se encamina a lo que Montiel define como la “crisis de los tres años”: un agotamiento del modelo de supervivencia familiar que precede a tensiones sociales mayores.
Por el momento, el escenario de “endeudamiento para comer” no muestra señales de reversión. La prioridad de los hogares hoy no es el ahorro ni la inversión, sino la ingeniería financiera diaria para cubrir los diez días de “vacío” que quedan entre el último peso del sueldo y el inicio del mes siguiente.
