
El economista Pablo Pero dialogó en Bisturí para matizar las lecturas optimistas sobre una reactivación inmediata de la economía argentina. Tras analizar los últimos datos sectoriales de consultoras privadas y organismos oficiales, Pero definió el escenario actual como “heterogéneo y de crecimiento muy suave”, advirtiendo que los sectores de consumo masivo siguen golpeados. Sin embargo, ponderó la desaceleración inflacionaria y la baja de tasas de interés como bases fundamentales para un alivio en el segundo semestre. Además, analizó la reciente suba del dólar, anticipó el impacto de las inversiones privadas durante el Mundial y propuso reformas estructurales clave como la independencia del Banco Central por ley.
Indicadores contrapuestos y la dura realidad de Tucumán
Al evaluar si la economía tocó fondo y comenzó a rebotar, Pero exhibió la disparidad en los relevamientos técnicos de actividad correspondientes al primer tramo del año:
“Revisé cómo daban los indicadores de actividad en varias consultoras: el INDEC, en su último Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) de marzo, dio un crecimiento muy importante y sorprendente; sin embargo, el Índice Líder de la Universidad Torcuato Di Tella dice que la economía cae; Orlando Ferreres muestra que la economía está parada o cae un poquito; y un indicador de la provincia de Santa Fe que mide actividad nacional dice que estamos creciendo despacito. El promedio da suavemente positivo, pero el principal problema es la heterogeneidad: tres sectores pueden crecer fuerte y siete estar cayendo suavemente”.
Para el especialista, esta disparidad se traduce en una ralentización palpable en la calle que afecta especialmente a la provincia: “No es que todavía vayamos a sentir ese crecimiento, y menos en Tucumán, que es una economía que no está bendecida por este modelo económico. Me canso de decirlo: no tenemos minería —a pesar de estar rodeados y de que podríamos atraer servicios generados desde acá—, no tenemos petróleo y gas como en el sur, y tenemos un campo con una frontera agrícola ya establecida donde tal vez falta fomento a la reconversión agroindustrial. El comercio minorista en supermercados depende del salario, y como este vino perdiendo contra la inflación, es natural la contracción”.
La desaceleración inflacionaria y el alivio financiero
No obstante, el economista identificó dos variables que marcan un cambio de tendencia respecto al inicio del año y abren una expectativa de recomposición para los próximos meses:
“La inflación mensual subió diez meses seguidos hasta marzo. Abril fue el primer mes en que bajó y todo indica que mayo va a volver a bajar. El promedio de las consultoras proyecta un sendero descendente para ubicarse por debajo del 2% a comienzos del segundo semestre y terminar el año cerca del 1,5% mensual. Cuando la inflación baje de ese umbral del 2%, va a ser más fácil que el salario promedio empiece a ganarle y se sienta un alivio en los sectores generales de consumo, comercio y servicios”.
La segunda luz verde proviene del mercado financiero y la política de tasas: “El año pasado el gobierno anterior subió las tasas muchísimo por el riesgo cambiario, lo que generó inestabilidad, endeudó a las empresas para capital de trabajo y aumentó la morosidad cerrando el grifo del crédito. Ahora las tasas para las empresas bajaron fuerte. Esto no hace crecer la economía automáticamente, pero permite refinanciar deudas y genera el contexto para volver a acceder al crédito, facilitando la creación o el sostenimiento del empleo”.
El “dólar libre” en el Mundial y la vuelta de la obra pública
Consultado sobre el reciente incremento en la cotización del dólar tras meses de pax cambiaria, Pero consideró que el reacomodamiento es saludable para la competitividad y que el Gobierno nacional podría aprovechar la dispersión pública durante el Mundial para corregir el atraso:
“Estamos en un dólar casi tan barato como a fines de la convertibilidad. Aunque al Gobierno no le guste que se lo digan en términos políticos, ese valor le pone mucha presión a la producción local. Estaría bien dejarlo subir cuando el mercado demande y no pisarlo desde el Banco Central con operatorias financieras. La última semana el BCRA estuvo cancelando operaciones de futuro que empujaban el dólar a la baja; al liberar eso, el dólar se sintió más libre. Sería bueno aprovechar el Mundial para que, si los ojos de la sociedad están en otro lado, dejen que vaya subiendo lentamente para que no quede rezagado”.
Frente al argumento oficial de que el superávit comercial descarta un atraso cambiario, Pero diferenció la realidad de los sectores concentrados: “Hoy el sector de petróleo y gas acompaña al campo como grandes motores de exportación, generando una lluvia de dólares, pero eso no significa que los demás sectores industriales puedan competir con ese valor del billete. De hecho, el Gobierno le siguió bajando retenciones al campo porque subieron mucho los insumos por la guerra y, con el dólar pisado, los números en el interior no cerraban. Toda ayuda suma”.
Asimismo, anticipó que la reactivación económica hacia el tercer trimestre vendrá de la mano de un nuevo esquema de infraestructura: “Algo que el Gobierno espera que empiece a sentirse fuerte a partir de julio es la concesión de la obra pública en rutas, que empezaría a ejecutarse entre junio, julio y agosto. Empresas privadas se ocuparán de las obras a cambio de peajes para recuperar la inversión, y eso empujará el movimiento económico en pleno periodo mundialista”.
Por último, el economista trazó una distinción entre la solidez de las cuentas fiscales heredadas del ajuste y la desconfianza que aún exhiben los mercados internacionales debido a la fragilidad política del oficialismo:
“Yo no veo razones para una explosión como ocurría antes, porque este gobierno no emite de más ni aumenta los cepos; al contrario, los está quitando. Los gobiernos kirchneristas ataban la economía al presente para que no explote, generando problemas a futuro. Este gobierno ya hizo el ajuste y cada día tiene menos ajuste por delante; tiene herramientas para soltar un poco el dólar o el gasto sin ser desestabilizador. La macro está ordenada y las cuentas en equilibrio —el FMI señaló un pequeño déficit técnico porque se esconden algunos intereses en los bonos, pero sigue teniendo de las mejores cuentas fiscales del mundo—. Entonces, ¿por qué la bolsa argentina no sube? Porque los grandes capitales miran y se preguntan si esto va a sostenerse políticamente, dado que el Gobierno todavía no conforma una mayoría estable para las próximas elecciones o generaciones”.
Para revertir esta incertidumbre institucional, Pero recomendó avanzar hacia reformas de fondo inspiradas en la región: “Falta claridad en la política monetaria a través de la independencia del Banco Central, como en Perú, Chile, Uruguay o Brasil. Hoy no hay un BCRA independiente; el presidente de la entidad es el exsocio del ministro de Economía y la restricción es una decisión coyuntural. Debería enviarse una ley que requiera una mayoría política muy amplia para remover a sus autoridades, dándole una estabilidad similar a la de un presidente de la Corte Suprema. Eso mandaría una señal de largo plazo de que el país no tendrá inflación. Un gobierno con esa estabilidad futura e institucional podría incluso aceptar pequeños déficits en el presente para pagar mejores salarios y empujar más la obra pública, acelerando el crecimiento”.
