
El proyecto del CIBA completó con éxito su primera campaña a campo. Aún deberá superar nuevas instancias regulatorias antes de una posible comercialización.
El desarrollo de una caña de azúcar genéticamente modificada para resistir aplicaciones de glifosato dio un paso clave en Tucumán. El Centro Integral de Biotecnología Aplicada (CIBA), dependiente de la Universidad de San Pablo-Tucumán, concluyó el primer año de ensayos a campo con resultados considerados satisfactorios por el equipo de investigación, aunque el proyecto todavía deberá atravesar nuevas evaluaciones antes de aspirar a una autorización comercial.
Según explicó el investigador Federico Pérez Zamora, el objetivo de esta innovación responde a una demanda histórica del sector cañero. “La producción venía pidiendo desde hace mucho tiempo una caña que sea tolerante al glifosato”, afirmó en La Gaceta Play, al señalar que esta característica permitiría controlar malezas “en forma simple, rápida y económica” sin resignar el uso de variedades de alto rendimiento.

Un desarrollo que todavía debe superar nuevas etapas
El proyecto comenzó en 2018 bajo el trabajo conjunto de Pérez Zamora y la especialista en biotecnología Mercedes Rivero. Tras varios años de investigación en laboratorio y ensayos en invernadero, la iniciativa obtuvo la autorización de la Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria (CONABIA) para avanzar con pruebas reguladas en campo, donde se comparó el comportamiento de plantas modificadas y no modificadas frente a la aplicación del herbicida.
Los primeros resultados mostraron que las plantas desarrolladas por el equipo resistieron el tratamiento, mientras que las convencionales no lo hicieron. No obstante, el investigador aclaró que aún restan dos campañas adicionales de evaluación y el cumplimiento de los requisitos exigidos por la autoridad nacional antes de presentar el expediente para una eventual liberación comercial. “Los estudios ya son claros de que la tecnología de transformación ha sido exitosa. Lo que pasa es que hay que cumplir los años que la CONAVIA exige”, remarcó.

La variedad elegida para incorporar esta característica fue la LCP 85-384, históricamente una de las más difundidas en Tucumán por sus cualidades agronómicas e industriales. De acuerdo con el CIBA, aunque su participación disminuyó con la aparición de nuevos materiales, todavía ocupa alrededor del 60% de la superficie cañera provincial y continúa siendo una referencia para muchos productores.
Fortalecer la competitividad del cultivo como premisa
Desde el punto de vista productivo, la posibilidad de aplicar glifosato sobre estos cañaverales permitiría combatir malezas gramíneas difíciles de controlar, como la grama bermuda y el sorgo de Alepo, especialmente en regiones donde la rotación con soja resulta más compleja. Los ensayos realizados durante el primer año emplearon aplicaciones de 2,5 litros por hectárea de glifosato formulado al 48%, con resultados positivos sobre el control de esas especies.
Pérez Zamora sostuvo que esta herramienta forma parte de una estrategia más amplia para fortalecer la competitividad del cultivo. “No solo tenemos esta tecnología de tolerancia a glifosato; ya contamos con otra vinculada al estrés hídrico y también estamos trabajando en desarrollos de tolerancia al frío y a un insecto que provoca importantes pérdidas económicas en la caña de azúcar”, explicó.
El investigador también destacó que se trata de un avance pionero en el país. “En este momento los primeros que hicimos los ensayos de campo con resultados claramente positivos somos nosotros”, afirmó, y subrayó que la innovación fue desarrollada íntegramente en Tucumán.
